De entre todos los consumidores de discos, el público de música clásica fue el que más sufrió la salida de la convertibilidad. Después de una década en la que tuvo a su disposición el más amplio repertorio de las grabaciones consagradas, y las novedades más variadas casi en simultáneo con el resto del mundo, sobrevino la noche.
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La mayor parte de los locales «templos» para el audiófilo clásico fue barrida por la devaluación y debió cerrar sus puertas; entre ellos, «KingCarol» de la avenida Corrientes y «Music&More» de la avenida Callao, por citar sólo dos de los más emblemáticos. Mientras tanto, los sectores clásicos de las cadenas «Musimundo» y «Tower» (que llegaron a tener salones propios especializados, al estilo europeo y norteamericano) fueron devastados y hoy no ofrecen más que unos pocos títulos de rutina. Simultáneamente, también se extinguieron las buenas revistas sobre el tema que acompañaban mensualmente los lanzamientos y novedades.
Algunas otras casas, como la tradicional «Piscitelli» de la calle San Martín, «Zival's» de Callao y Corrientes y últimamente «Yenny», intentan mantener un nivel de repertorio más diferenciado (sin asemejarse ni remotamente al de antes), aunque lógicamente a precio dólar. O sea, que la habitual consideración de «elitista» al consumidor de esta música, desgraciadamente, en lo económico, se vuelve cierta esta vez: por una ópera completa importada (entre 3 y 4 CDs) hoy se puede llegar a pagar 350 pesos, o más.
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