14 de agosto 2003 - 00:00

"CLEOPATRA"

«Cleopatra» (Argentina-España, 2003, habl. en español). Dir.: E. Mignogna. Guión: E. Mignogna, S. Chague. Int.: N. Aleandro, N. Oreiro, L. Sbaraglia y elenco.

"Hay golpes en la vida...", comienza un casi olvidado poema de César Vallejo, que en esta comedia se vuelve fundamental. La obra no muestra esos golpes, pero los deja entender. Tampoco le entra a los golpes al espectador. Más bien, va penetrando despacito, con la gozosa complicidad del público al que va destinada. Por empezar, las seguidoras de Norma Aleandro, aquí huyendo de un marido depresivo, y/o las seguidoras de Natalia Oreiro, que está fresca y luminosa como siempre, acá como una estrellita que huye de un tipo agobiante.

En ese aire cómplice, Norma habla a veces directamente a cámara, jugando como a dos tonos, y con evidente placer, un personaje de maestra jubilada en pose filodramática, eco de un lejano mandato paterno. El tema básico a desarrollar es, precisamente, la sombra de esos mandatos que cada criatura asume, con cariño o con fastidio (la profesión, la pareja, y todo eso), hasta tanto se siente a pensar qué es lo que realmente quiere. La maestra y la estrellita se sientan... pero en una 4x4, y antes de pensar nada ya se mandaron mudar. La más joven seguirá un rumbo que, aunque convencional (encuentra un buen muchacho, etc.), daba para mayor desarrollo. La otra, en cambio, va a enriquecerse en cada cruce de caminos, en cada charla con un desconocido. Valiosas sobre todo, por lo que dicen y cómo lo dicen, las charlas a cargo de Beatriz Spelzini, como una madrastra de duelo, y Alberto de Mendoza, este último con el preciso relato de un matrimonio que termina viviendo «bajo la sospecha de la compasión».

Hay entretenimiento, calidad formal, sentimientos controlados, y cierta invitación al goce. Puede objetarse, sin embargo, que la obra parezca «demasiado hablada», el elenco sea desparejo, y algunas situaciones queden como colgadas. El autor dice haberlo hecho conscientemente, decidido a contar, según frase borgiana, «una suma de naderías» como las que cualquiera puede juntar en su viaje por la vida, hilvanando, quizás, unas con otras, hasta encontrarles un sentido, así sea parcial. Por las dudas, que nadie interprete como una solución para maridos inútiles la escena en que alguien despena una vaca malherida.

P.S.

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