Es ocioso mencionar la idoneidad de Silvana Blasbalg respecto a la disciplina del grabado por la que ha merecido importantes distinciones. Como investigadora ha sabido integrar al grabado tradicional una mezcla de técnicas, recursos combinatorios, nuevos usos del papel y del color, inserción de objetos y hasta digitalización que la colocan junto a los últimos grupos de artistas argentinos que han contribuido a su transformación iniciada en los primeros años del siglo XX, a partir de Antonio Berni y Fernando López Anaya.
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Sutileza y levedad de libélulas recorre esta muestra titulada «Zoología Gráfica» que se expone en Galería Atica ( Libertad 1240). Insectos, peces, reptilesse desplazan y entrecruzan por la superficie del papel, a veces de color vibrante y otras, en gamas de grises como, por ejemplo, «De la serie por el cielo y la tierra», grises que son perturbados por la presencia roja de la X, una letra que significa incógnita y de gran efecto plástico. Su ojo alerta la lleva a descubrir, en lugares insospechados, elementos que más tarde incluirá en su obra. Blasbalg «encuentra». Es así como muchos de esos insectos en diferentes materiales incorporados a los ya grabados parecen enfatizar su presencia, lo que también se traslada a cajas y objetos. Estas también incluyen grabados, pero, a su vez, Blasbalg incursiona en otras áreas de carácter simbólico, resultado -como es habitual cada vez que expone-de una intensa reflexión en conjunción con su creatividad en el hacer. Clausura el 25 de octubre. • En la Sala 12 del Centro Cultural Recoleta, Sofía Sabsay exhibe una muestra antológica del período comprendido entre 1960 y 2002. Su obra ha sido analizada por prestigiosos críticos, entre ellos, Jacques Lasaigne, ex Director del Museo de Arte Moderno de París, Córdoba Iturburu, Ernesto Rodríguez, Manuel Mujica Láinez, Rafael Squirru, Guillermo Whitelow. El rigor geométrico caracteriza sus obras figurativas de comienzos de los '60: «Playa», «Conejos, «Carretilla».
Como lúcida receptora de los cambios de década tan intensa, Sabsay no escapa a la influencia del informalismo que se traduce en sus testimonios de la demolición del Pasaje Seaver donde tenía su estudio y al que concurrían asiduamente los artistas destacados de ese entonces. Su mirada es crítica pero jamás se desborda. Por ello, más adelante, su estética se vuelve introspectiva, sólo mostrará espacios interiores vacíos de carácter metafísico y exteriores vistos con nostalgia desde una ventana.
No sabemos por qué Sabsay eligió al rinoceronte como tema de una serie de 1997. Quizás a propósito del antiquísimo interés por el animal como portador de expresiones cósmicas, su aparición en sueños o visiones o, como señala Jung, «el animal representa la psique humana, lo infrahumano intuitivo así como el lado psíquico inconsciente». Pero «Rinoceronte» tendrá connotaciones conceptuales en la imagen de la palabra que aparece fragmentada en otra obra también de 1997. Una serie realizada a manera del cuadro dentro del cuadro está directamente relacionada con la música, otra disciplina encarada por la artista.
Los cuadros actuales de Sofía Sabsay no pueden estar ajenos a sus vivencias y a la conmoción que provoca la degradación inexorable del entorno que nos rodea. Clausura a fines de Octubre.
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