Obras de Arden Quin (izq) y Martín Blaszko (der.).
Para tener una idea de la importancia del movimiento vanguardista, transformador del arte argentino de comienzos de los '40 hasta los '50 se puede leer «El Arte Concreto en la Argentina» de la presidente de la Academia de Bellas Artes e investigadora en el tema, Nelly Perazzo, así como «La Vanguardia del 40, Memorias de un Artista» de Juan Melé, especialmente su capítulo III en el que como testigo relata cronológicamente los hechos de etapa tan decisiva. Páginas con los dimes y diretes de los Movimientos Arte Concreto-Invención y Madí, entre cuyos nombres significativos están los de Martín Blaszko (1920), nacido en Berlín y Carmelo Arden Quin (Uruguay, 1913) cuyas muestras coinciden actualmente.
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Del primero se exhiben en el Museo de Arte Moderno (San Juan 350), obras pictóricas con el marco recortado o de contorno irregular -un tema que estos artistas abordaron con pasión-, y esculturas, disciplina por la que principalmente se lo conoce realizada en la Argentina, país que representó en la Bienal de San Pablo en 1952 y en la de Venecia en 1960. Su obra de planos que cruzan el espacio, con su dinámica de ritmos y tensiones, en la que se observa al compararla con los cuadros, la incidencia del marco recortado, una complicada red de líneas-fuerza que desafían la ley de gravedad, es el producto de una rigurosa racionalidad.
¿Son sólo frías especulaciones y desafíos formales? En absoluto. Un individuo que confiesa ser efusivo, impaciente, ha conjugado, eso sí, el equilibrio y el rigor que lo deslumbraron en aquel año 1945, definitorio para su vida artística. En el cenáculo literario de Grete Stern exponían, entre otros, Rothfuss, Steiner, Kosice, Quin. Este último introduce a Blaszko en todo lo concerniente al Arte concreto-Invención, le regala un cuadro, hoy propiedad del MAMBA y en 1946 expone en la Primera Muestra Madí.
Un cruce entre lo racional y lo sensible, su escultura no está pensada para el interior de una galería o un museo en una efímera exposición. Está pensada para el hombre, para vivirla, para que éste la transite, para que se instale en su espacio en su monumentalidad, en su inmensidad, en esa inmensidad, que como lo señala Gaston Bachelard, está en nosotros. Es el deseo del artista verlas concretadas en esta ciudad, por eso, algunas se denominan habitats, que tanto en su verticalidad u horizontalidad son capaces de modificar el espacio urbano.
Coincidentemente con la muestra se presentaron dos pequeños libros «Martín Blaszko, 50 años de Esculturas» con textos de María Luisa Borrás, curadora de la Exposición Madí realizada en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid 1996 y la historiadora del Arte María T. Constantín. «Martín Blaszko, Esculturas Urbanas», contiene textos de diferentes críticos argentinos y extranjeros. Clausura el 31 de enero. * Madí no se terminó en la década del 50. Y esto puede verse en las recientes obras de Carmelo Arden Quin (87 años), para lo que vale la pena llegarse hasta el MACLA, (Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano) donde se exponen casi 90 trabajos de diferentes épocas. Así como Martín Blaszko se deslumbró ante su obra, Arden Quin nos cuenta cómo en la década del '30 se deslumbró con las conferencias dictadas por Torres García en la Sociedad Teosófica Uruguaya. Nunca trabajó en su taller ni fue influenciado por el Abstraccionismo Simbólico Americanista pero sí se sintió atraído por el Constructivismo que está en la base de su estética.
La ruptura de la ortogonalidad, lo infinito de la geometría, la sutileza de la línea, el equilibrio logrado apenas con un punto en el plano, la armonía del encuentro entre el punto, la línea y el plano se vuelven apasionantes porque además es un permanente ingreso al terreno de lo lúdico. Lo imaginamos construyendo su obra, buscando, a partir del trazado de una línea, lograr una forma que jamás se repite, que es una invitación a admirar el orden universal y que cuando nos explica los fundamentos de su estética, sólo apoya un libro sobre otro dejando que sus ángulos abran un mundo de posibilidades además de sostener con mirada pícara, que el ojo es visiblemente geométrico, por eso es Madí.
Madí, el único movimiento nacido en la Argentina, está en el mundo: en más de 75 artistas de distintas nacionalidades que adhieren a sus postulados como pudo comprobarse en una exposición realizada en Milán en 1999, en los futuros museos de Gyor, (Hungría) y en el de Dallas, proyecto del argentino Roitman y en los proyectos para Buenos Aires donde se realizará una muestra en el Centro Cultural Borges a fines del próximo año.
Del encuentro con estos dos energéticos artistas queda flotando en la conversación el deseo fijo, absorbente del hombre de inventar y construir objetos dentro de los valores absolutos de lo eterno. El concepto de invención se definirá como pasaje, como estallido de deseo y el de creación como hecho, como esencia. Estos conceptos formaron parte del famoso Manifiesto Madí de 1946. ¿Será posible hoy esta utopía? Clausura el 31 de Enero. Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha (50 entre 6 y 7) La Plata.
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