22 de octubre 2004 - 00:00
Colorización: segundo acto
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La Sony-Columbia Pictures lanzó sus primeros títulos en DVD colorizados con capítulos de «Los tres chiflados». Anunció que su archivo de largometrajes clásicos también podría ser reeditado en colores.
Julius Epstein, uno de los guionistas de «Casablanca», hizo famosa esta frase: «La colorización de nuestra película tuvo al menos una virtud. Logró que Humphrey Bogart pareciera más bonito que Ingrid Bergman». Tantas fueron las protestas del Hollywood purista (una minoría, aunque gravitante) que hasta Washington tomó partido: por aquellos años el Congreso empezó a designar, a razón de diez por año, películas «patrimoniales», a las que se protegería de cualquier tipo de alteración.
«Muchos se han quejado de que la industria del DVD es perezosa para lanzar clásicos. Ocurre que, muchas veces, es una tarea antieconómica, porque no hay un mercado que la justifique. En cambio, colorizándolos, y dando al público la opción de elegir, se podrán editar muchos más de esos clásicos», agregó White.
Barry Sandrew, presidente de Legend Films, se enorgulleció de su trabajo: «Le mostramos a algunos ingenieros de Technicolor los resultados que habíamos obtenido, y no lo podían creer», dijo en una entrevista. Sandrew también contó ahora que algunos técnicos que trabajaron con Steven Spielberg en «La lista de Schindler» fueron asesorados por él en las escenas en las que se insertó color dentro del blanco y negro de la película.
Sandrew, que empezó a interesarse en la colorización de manera puramente accidental (es médico neurólogo, y a mediados de los 80 empezó a trabajar en la colorización de estudios radiográficos y placas) ya tuvo, como se preveía, un acercamiento contractual con Turner, con lo que se habría asegurado un archivo de 250 películas dispuestas a ser colorizadas, o recolorizadas. Esta vez el mercado al que se punta son los DVDs y la televisión de alta definición.
Enemigo de la «jactancia de los intelectuales», cuando se le preguntó a Sandrew su opinión sobre el debate acerca de la alteración de películas, fue bastante poco sutil: «Me parece el colmo de la arrogancia que alguien venga a decirme cómo tengo que ver o no ver alguna película», contestó, reconociendo que él rara vez veía algún film sólo por placer.
También dijo: «No nos engañemos. Las películas que estoy colorizando fueron realizadas con una única finalidad, hacer dinero.Aun cuando estuvieran involucrados talentos creativos, los estudios no tenían otro interés que ganar dinero. Para ellos, no se trataba de arte sino de negocio.Así y todo, son grandes películas. Nosotros vivimos una época en la que el público, sobre todo los más jóvenes, no acepta el cine en blanco y negro, de modo que lo que hacemos es crear un nuevo público, que de otra manera no tendría interés en ver estas películas». El debate, como se advierte, está a punto de reabrirse.



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