15 de agosto 2002 - 00:00

Cómo hacer reír con un tema "riesgoso"

Jennifer Westfeldt y Heather Juergensen
Jennifer Westfeldt y Heather Juergensen
«Besando a Jessica Stein» («Kissing Jessica Stein», EE.UU., 2001, habl. en inglés). Dir.: Ch. Herman-Wurmfeld. Guión: H. Juergensen y J. Westfeldt. Int.: H. Juergensen, J. Westfeldt, T. Feldshuh, J. Hoffman, S. Cohen.

L a experiencia lésbica que intentan dos neoyorquinas heterosexuales es el tema central de esta simpática comedia romántica realizada por un equipo de cineastas debutantes sin nada que envidiarle a tanto «independiente» que anda por ahí.

El guión pertenece a Heather Juergensen y Jennifer Westfeldt, las dos buenas actrices principales, quienes como el director y parte del acertado elenco vienen del teatro (el argumento estaba destinado a ser representado en el off Broadway) y hay bastante de eso en varias escenas, aunque el director tuvo el tino de airearlas con imágenes de Nueva York atractivas y bien puestas. Lo mejor es la naturalidad y el humor con el que se trata un tema todavía «riesgoso», sin guiños para entendidos ni demasiado moralismo. Que lo hay, sobre todo en el final.

Buena chica

Jessica ( Juergensen) es una buena chica judía que desperdicia su talento artístico en la corrección de un diario, pero, ante todo, exponiéndose a sucesivos fracasos en su pretenciosa búsqueda del hombre ideal. Alrededor hay una idiche mame ansiosa por encontrarle marido, un ex novio, que o la agrede o la mira con ojos de carnero degollado, un hermano a punto de casarse y una mejor amiga embarazada.

La más liberal Helen Cooper ( Westfeldt), divide su tiempo entre la galería de arte que regentea y tres o cuatro hombres diferentes hasta que se decide a probar otra cosa publicando un aviso que responde Jessica. Lo que sigue son los infinitos remilgos de ésta, a la que Helen llama «esa beata judía» y cualquier psicoanalizado llamaría esa histérica, que necesita el permiso de los hombres para soltarse un poco y el de su mamá (la creíble Tovah Feldshuh) para arriesgarse a lo que los norteamericanos llaman salir del closet, aunque sea momentáneamente.

La complicada consumación del sexo entre ambas tiene momentos realmente graciosos y el plus del pudor (no hay desnudos, por ejemplo), defendido a capa y espada por una
Jessica que insiste en confundir negación y ocultamiento con «privacidad». También es cierto que a veces el guión se inclina hacia el formato de sitcom televisiva -especialmente en los cotilleos de una boda-, pero no como para deslucir esta comedia que entretiene sin mayores pretenciones.

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