Fue exitoso el debut en nuestro medio de Eiji Oue, que hizo rendir a la Filarmónica como en sus mejores tiempos, ofreciendo la primera velada satisfactoria en todo sentido en lo que va de esta temporada. El artífice de este logro fue el director japonés, discípulo de Hideo Saito y maestro de Seiji Ozawa, quien lo invitó a Tanglewood, donde Oue se relaciona con
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Leonard Bernstein, ambos lo introducen en la vida musical norteamericana y actualmente es titular de la Minnesota Orchestra, con la que hace giras y discos. Desde los primeros compases de la «Sinfonía N° 8 en Fa Mayor Op. 93» de Beethoven se percibió que los músicos y el director estaban dispuestos a trabajar juntos en busca de la excelencia. La primera ofrenda fue un sonido robusto y pleno que no decayó en toda la noche, tampoco la dinámica, la afinación y la unidad de los diferentes sectores al llevar, por ejemplo, un «allegro vivace e con brío» y que toquen exactamente eso.
Hace pocos días, elogiamos a la pianista Ingrid Fliter, que en este concierto fue brillante solista en el «Concierto N°2 en Fa Menor Op. 21» de Chopin, justamente la obra que le valió el Premio en Varsovia. Su naturalidad para expresarse desde el teclado, la riqueza de matices y los sonidos perlados, y su espontánea musicalidad son atributos que hacen al escucharla algo placentero y emocionante.
La ejecución de «La consagración de la primavera», de Stravinsky no es nada fácil, sobre todo por sus mutaciones rítmicas de inagotable presencia que la vuelven agotadora para los músicos. La versión ofrecida fue óptima, con la debida tensión, claridad tímbrica, participaciones solísticas breves e impecables y «tuttis» estremecedores. Es de esperar que Eiji Oue reciba ofertas para que podamos disfrutar más seguido de noches como ésta.
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