19 de octubre 2004 - 00:00

Con viejos éxitos, brilló David Byrne

Aunque siempre musicalmente impecable, el concierto de David Byrne fue una fiesta con los clásicos de sus tiempos de Talking Heads, y perdió fuerza con canciones de otros autores, sobre todo latinos.
Aunque siempre musicalmente impecable, el concierto de David Byrne fue una fiesta con los clásicos de sus tiempos de Talking Heads, y perdió fuerza con canciones de otros autores, sobre todo latinos.
«My backwards life tour». David Byrne (voz, guitarras). Con P. Fraizer (bajo, percusión, coros), G. Hawthorne (batería), M. Refosco (marimba, percusión) y The Tosca Strings. (Luna Park, 14/10; repite el 21/10.)

Habrá que reconocerle siempre a David Byrne la virtud de no dormirse en los laureles, ni de acomodarse dócilmente a los mandatos del mercado. Buscador permanente de cosas nuevas, fue líder del recordado grupo Talking Heads, investigó en las músicas de América Latina, armó un sello para apoyar artistas de escaso interés para las compañías multinacionales. Y eso, en medio de una multiactividad que incluye el cine y la pintura. Esta vez llegó a Buenos Aires para presentar, supuestamente, su último disco «Grown backwards». Pero eligió incluir en su repertorio sólo unos pocos temas de ese trabajo: «Glass concrete and stone» con que abrió el show, «Dialog Box», «Lazy» -un hit bailable de XPress 2 de hace poco tiempo- y «Un di Felice, Eterea» de Giuseppe Verdi. A eso sumó sus interpretaciones de canciones de Cesária Évora («Ausencia»), Jimmy Hendrix («One rayny wish»), la peruana Susana Baca, casualmente también en Argentina por estos días («María Landó»), Café Tacuba Desconocido soy», que grabó para un disco anterior) y Cole Porter («Don't fence me in»). Pero, sobre todo, puso mucho el acento en los tiempos de Talking Heads y, para delicia de los que fueron a verlo al Luna Park, recordó «I Zimbra», «This must be the place (Naïve melody)», «Road to nowhere», «Once in lifetime», «Blind», «Life during wartime» y los súper populares «Psycho killer» y «And she was». Respaldado por una banda sin guitarras distorsionadas, programación digital ni teclados, con el notable bajo de Paul Fraizer, con la percusión multitímbrica de Graham Hawthorne y Mauro Refosco y con la omnipresencia del sexteto de cuerdas The Tosca Stings, Byrne brindó un concierto con altibajos. El show se hizo fiesta con los temas de Talking Heads y perdió en intensidad con Hendrix y sus versiones de canciones latinas. Fue siempre impecable, lo mismo que sus músicos, pero a ratos faltó una garra que logró con las canciones de su antiguo grupo. La eficacia de mezclar tantas cosas en un mismo espectáculo quedó en dudas; la honestidad artística de jugarse constantemente por el cambio y la experimentación, en cambio, sobradamente demostrada.

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