En «Hospital», Marcos López retrata dos hermanos gemelos unidos a la altura del codo por una venda, uno sano y el otro enfermo, inspirado en la dramática pintura de Frida Kahlo, «Las dos Fridas».
Córdoba (enviada especial) - La semana pasada, en el Museo de Bellas Artes Emilio Caraffa, se inauguró la segunda edición del premio «Córdoba2004», que convocó a 600 artistas de todo el país. La ganadora (12.000 pesos, que no implican la adquisición de la obra), fue la platense Estela Izuel con la fotografía «Analia y su madre», una toma directa del más crudo realismo que muestra a las dos mujeres al borde de una pileta de natación. Con un ojo inquisitivo, Izuel deja al desnudo las actitudes de ambas, plasmadas en el modo de mirar la cámara: plácida la madre, alerta la hija, pero ambas definitivamente vulnerables. En el jurado hubo dos críticos extranjeros de amplia trayectoria, el curador chileno Justo Pastor Mellado y el director de la Pinacoteca de San Pablo, el brasileño Ivo Mesquita.
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La primera selección estuvo a cargo del jurado argentino integrado por Fabián Lebenglik, director del Centro Cultural Rojas, Fernando Farina, director del Museo Castagnino de Rosaevocacionesrio y Daniel Capardi del Caraffa. Luego se sumaron las miradas y criterios tan diferentes de Mellado y Mesquita, como señaló Farina. Es decir, los extranjeros llegaron con un aporte que no sólo enriquece a los artistas sino también a los operadores culturales del escenario local, al detectar las características que diferencian la producción local de la internacional.
El conjunto de obras que se exhiben en Córdoba se destaca por la pluralidad de géneros y tendencias, aunque se advierte un claro predominio de la fotografía. En esta disciplina, «Nudo Vial», de Adriana Bustos, «Rambla», de Raúl Flores, y «Hospital» de Marcos López, recibieron menciones especiales, y hubo varias, como «Hall Central» de Marta Cali, de excelente calidad.
La fotografía de López, el retrato de dos hermanos gemelos unidos a la altura del codo por una venda, uno sano y el otro enfermo, reunía todas las condiciones de un primer premio. Inspirado en la dramática pintura de Frida Kahlo, «Las dos Fridas», López urdió una escena hospitalaria que reproduce con algunas variaciones la situación del cuadro (la sangre de una, sana, alimenta el corazón de la otra, enferma).
La imagen resulta profundamente conmovedora y remite de inmediato a la idea de fraternidad, pero su interés reside en las múltiples resonancias y en las que suscita. Nadie discutió la excelencia de esta obra, pero el jurado optó por el camino difícil: brindarles reconocimiento, visibilidad y estímulo a los artistas «no consagrados», y otorgarle al ya consagrado López sólo una mención. «Un premio es una señal», dijo Lebenglik. Es decir, desde que perdieron vigencia los criterios académicos que reglaban la creación, emitir un juicio estético implica una toma de posición y una mayor responsabilidad que se extiende hasta la ética. Con idéntico propósito, el de alentar las nuevas producciones, Mesquita dictó una conferencia donde mostró un panorama del arte brasileño más actual. En este rumbo planteó la gran posibilidad que tiene América de crear un nuevo paradigma para sus museos. «No tenemos Chagall, no tenemos Picasso. Tal vez nuestros museos deban ser contemporáneos» subrayó. «¿Por qué tenemos que hacer lo que hizo Europa si somos americanos?».
Las menciones del premio fueron extensas. Además de las fotografías, en un lenguaje muy cercano estuvo el video de Juan Mathé, quien ganó el premio «Mención del Público» con su ingenio, al presentar un personaje que recibe una bofetada, y que a través de un curioso mecanismo que gira la pantalla, vuelve para recibir otra y otra, ad infinitum. Las demás menciones estuvieron dedicadas a las pinturas de Darío Pireda, artista que con la pintura de un cohete logra acercase al romanticismo de Turner, y Alejadra Tavolini, que envió una colcha de cuadros verdes y rojos que oficia de soporte a las pinturas de unas parejas recostadas. Román Vitali también aborda el tema de la pareja desde una perspectiva nostálgica con sus cuentas de colores iluminadas con neón.
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