6 de junio 2024 - 14:27

Cossa: "Toda obra teatral es política porque habla de la realidad"

"Escribo para estrenar", el libro de entrevistas, notas y mesas redondas publicado en 2010, da una imagen exacta del pensamiento del gran autor fallecido.

Afiche original de La Nona, de Tito Cossa. El clásico moderno que hicieron famoso Ulises Dumont y Peppe Soriano.

Afiche original de "La Nona", de Tito Cossa. El clásico moderno que hicieron famoso Ulises Dumont y Peppe Soriano.

Roberto “Tito” Cossa, uno de los nombres más sobresalientes –sino el mayor—de la llamada generación del 60 de nuestro teatro, la generaciónque cambió la escena argentina de raíz y que introdujo cambios que continúan hasta hoy, murió a los 89 años, tal como informó a primera hora este diario.

Si bien Cossa, figura fundamental en el movimiento Teatro Abierto que en los años 80 contribuyó a socavar, desde la cultura, los pilares de la más sangrienta dictadura que soportó el país, no publicó libros teóricos sobre su oficio, en 2010 la editorial Corregidor editó “Escribo para estrenar”, una monumental recopilación de entrevistas, mesas redondas, artículos periodísticos y otras notas de actualidad del autor de “Tute cabrero” y “La nona”, que sería de enorme valor reeditar ahora. Es un texto vital en el que Cossa deja testimonio, casi como si hubiese publicado su propia teoría y pensamientos sobre su oficio. De ese libro, cuyo título está extraído de uno de sus reportajes (Cossa no concebía una escritura que no estuviera destinada a la escena, al contacto vivo con el espectador) seleccionamos los siguientes fragmentos, que dan una idea cabal de su pensamiento y su estética:

El origen

“Creo que por Chejov y el Arthur Miller de ‘La muerte de un viajante’ pasa la coordenada que me llevó a escribir mi primera obra, ‘Nuestro fin de semana’. Nunca me cuestiono mucho, no entiendo bien lo de las tendencias, no me dedico a reflexionar sobre eso y tampoco leo demasiado. El primer teatro que se puede llamar ‘del absurdo’ lo rechacé, quizá por esa cosa de mentalidad primaria que lo consideraba extranjerizante. A mí me consideraban naturalista y chato. Ante eso, yo me defiendo aferrándome a mi manera de escribir.”

“También descubrí otro autor muy importante, Florencio Sánchez. Además leí a Gregorio de Laferrère y a Discépolo. Toda esa mezcla de cosas me llevó a escribir mis primeras obras. En esa época yo creía que el teatro argentino pasaba por ese tipo de realismo claro, neto; después me fui modificando bastante. Mi primera obra la escribí con toda la inconsciencia de una primera obra. Escribí así porque mi lenguaje era ese. Creo que tenía oído para escuchar teatro, no para músico, pintor o narrador.”

Para mí, en un momento, se terminó unna forma de escribir. Un mundo se agotó. Esto se relacionaba con un país que salía del frondizismo y entraba en esa calma oficial de la etapa de Illia, confusa y nunca tan calmosa. Luego viene la dictadura de Onganía, el resurgimiento de los movimientos guerrilleros, la violencia y todo lo que viene después. En mí, eso se conjuga con una estética que ya no me servía. Uno está siempre alimentado por la realidad. Un país que existía cuando yo escribí mis primeras obras no se parece en nada al posterior, al de la década del 70, y si bien no puede cambiar una estética, en mi caso siento que se modificó por la realidad que me dolió..”

El realismo

"Yo siempre sostuve, cuando la generación nuestra afloró y tuvo una recepción cálida y por momentos bastante exagerada (después vino una especie de contraofensiva), que el realismo debe ser siempre conceptual y no formal. Es decir, que cuando yo me definía como realista, o cuando definíamos a algunos autores como realistas, era por la necesidad de insertarnos en nuestra realidad, lo cual no quería decir que debíamos limitarnos a una forma realista, o un teatro naturalista donde las cosas tenían que pasar fotográficamente."

"Pero como en todo debate, las posiciones se sectorizan mucho y llegó un momento en que parecía que nosotros defendíamos el naturalismo exclusivamente y que en la vereda de enfrente estaban los que defendían al teatro de la crueldad, del absurdo, etcétera. Yo sigo siendo un escritor realista hablando de realismo conceptualmente. A mí siempre me interesó, y me interesa, escribir un tipo de teatro argentino”.

“Un teatro a partir del lenguaje, de los personajes, de las situaciones. Porque yo no puedo escribir otra cosa que no se refiera a mi entorno. Pero me he dado cuenta de que si me quedo en esa simple descripción sólo podré hacer un teatro menor, elemental. Debemos asimilar las formas del teatro moderno, elaborarlas dentro de nuestra temática, dentro de nuestra manera de ver la realidad. Creo que esto se cumple en ‘La nona’”.

Yo tenía metido dentro de mi piel el grotesco. Es un género que a mí siempre me gustó y creo que no lo había intentado antes porque no había cumplido la etapa necesaria de asimilación como yo quería. Para mí, la diferencia entre el grotesco y otro género de teatro, que hasta ahora he cultivado, consiste en que el autor tiene una visión dramática de las cosas y el humor sale a partir de situaciones hiperrealistas pero siempre desde una situación que se despliega de lo cómico a lo dramático dentro de la realidad.”

El individualismo

“Más que seres frustrados, ‘No hay que llorar’ trata de gente que es víctima de un individualismo exaltado. De esa pobre gente que vive destrozada por lo que pudo haber sido si hubiese tenido una mejor situación económica, destrozada por una sociedad que la empuja al empobrecimiento. Entonces es cuando aparecen las pequeñas pasiones, las pequeñas necesidades. Aparece el hombre llevado a sus necesidades primarias, con grandes fantasías puestas en los logros económicos. Y las situaciones tienen que venir de afuera, mágicamente, como en la lotería. Yo pienso que esto es muy de nuestro país, donde un tipo a los 25 tiene un kiosco y a los 40 quiere tener una empresa; donde un carnicero quiere que su hijo sea médico o empresario pero, fundamentalmente, que tenga plata, a cualquier precio. Curiosamente en un país donde cada vez cuesta más tener plata, pero donde se tiene siempre la sensación de que en cualquier momento uno pasa al frente. Como si cada uno tuviera dentro de sí una lotería personal.”

“Muchas veces he contado esta anécdota, que es real. Cierta vez tomé un taxi, y parece ser que el conductor estaba muy cargado porque tenía necesidad de hablar, y me contaba con vehemencia: ‘¿A usted le parece? Doce horas sentado aquí, y mire lo que recaudo, una miseria. Así no se puede seguir’. En ese momento el semáforo se puso rojo y el taxi se detuvo frente a una placita. Entonces el tachero se iluminó y me dijo: ‘¿Se imagina qué negocio poner una calesita en esta plaza? Es para llenarse de oro’: Y a partir de allí cambió totalmente su actitud, porque se acordó de que tenía un amigo en la Municipalidad a quien llamaría mañana mismo para gestionar la habilitación. Parece exagerado pero es real. Así somos nosotros. Así son los personajes de ‘No hay que llorar’.”

Política

“Yo creo que todo espectáculo es político porque contiene una concepción de la realidad. El teatro arqueológico me parece tonto, no me interesa. Para ver ’Macbeth’ como se hacía en tiempos de Shakespeare me quedo en casa. Yo quiero verlo a través de una mirada actual en el estilo, en el lenguaje de hoy. El teatro es un lugar para verse y, fundamentalmente, para cotejarse con el hoy. Como lector es distinto, pero como espectador la puesta debe ser actual. ¿Qué sentido tiene, si no?”.

No podemos hacer Chejov con las imágenes de los rusos sino con las nuestras. Así, el teatro es siempre político. Tiene que vincularse con su tiempo y su espacio. Insertar la práctica en un contexto determinado. Esto no es una regla. No se trata de que en ‘Macbeth’ metan un desaparecido. No. Yo quiero un Macbeth con quien pueda identificarme, una mirada argentina de Macbeth. Hace unos años, por ejemplo, Carlos Somigliana puso un ‘Macberth’ muy interesante que remitía a los crímenes y la violencia del Proceso.”

El arte y el mercado

Un autor debe indagar en sus imágenes personales, más allá de las influencias posteriores. De esa indagación nace un estilo propio; luego deberá metaforizar la realidad,, convertirla en una narración. Aí se llega a la madurez del oficio, que no significa meramente crear buenos diálogos. El oficio es el autoconocimiento, la búsqueda, la lucha permanente, también contra el medio. Nuestra sociedad, un poco debido a las penurias económicas y otro poco por el mercado en sí, es altamente contaminante.”

Para un autor esto puede significar caer en la seducción comercial. No debemos olvidar que acá, con crisis o sin ella, se puede ganar mucha plata con el teatro. Si usted tiene una receta efectiva y la sabe manejar, se puede enriquecer. Allí es cuando se entrega el alma: porque el mercado siempre pedirá la reiteración de una fórmula y no tolera la innovación”.

El peor enemigo que tiene el autor teatral es la novela. El trabajo con el actor y el escenario facilitan el tránsito al teatro. Es una forma de literatura hecha para representarse sobre un escenario, no para leerse. Un autor teatral debe cuidarse de la narrativa y acerca a la poesía. El teatro no sólo es un texto sino las imágenes, la luz, la escenografía: es una suma de elementos destinados a la síntesis poética.”

Teatro popular y belleza

“No debemos engañarnos: cuando hablamos de un teatro popular exageramos. La gente que va al teatro es de clase media, con cierto nivel cultural. La gente que consume libros y espectáculos. Cuando decimos teatro popular no pensamos en la clase obrera, desde ya. Si el público y yo coincidimos, vamos del brazo y me alegro. Pero yo no trato de subordinarme a esa experiencia. Yo trato de que ese espectador que me aplaude sea cuestionador. Trato de provocarlo. No me corresponde decir a mí si lo logro.”

Yo quiero embellecer al espectador. Quien está preparado para recibir un estímulo artístico se vuelve más bello que éll. Mejora. Embellecer significa hacer reflexionar. Hay obras que por su temática no son políticas o sociales y, en cambio, producen belleza. El arte siempre es bello. Hasta Goya es bello. Belleza significa iluminación de la realidad.”

Las obras propias

No me gusta ninguna de mis obras, me gustan algunos tramos de cada una de ellas. Esa es una particularidad del teatro. Se hace en base a dos o tres momentos realmente buenos, y el resto es puro relleno. Hay que armar ese relleno para ir apuntando al momento clave. Y ese relleno a mí no me gusta. Y envidio la síntesis, la concisión de los poetas. Nunca les sobra una palabra”.

”Por ejemplo, en ‘La nona’ hay una escena que me gusta mucho. El momento en que Carmelo desata su dramay la Nona aprovecha el ruido para pedir comida y Carmelo, mecánicamente, le va sirviendo. Para llegar a esa escena hubo una preparación, una presentación de los personajes y las circunstancias, que yo llamo relleno. Ocurre también en ‘Los compadritos’ con la escena en que el comandante nazi debe captar al compadrito para la causa”.

Soy irregular para escribir. No logro sistematizar mi trabajo. Eso que hacía Hemingway de escribir cuatro horas diarias aunque no tuviera nada que decir nunca lo practiqué. Me cuesta mucho arrancar, pero cuando empiezo, trabajo duro, aunque sea en forma intermitente. Reconozco que siempre tiendo a holgazanear un poco. Para contrarrestar eso me tiendo una celada: me creo obligaciones. Me vinculo con algún director para mostrarle lo hecho, y éste empieza a apurarme diciéndome que hay que entregar. Porque si no haría lo que dice mi amigo Somigliana: ‘No hagas hoy lo que puedes hacer mañana, porque mañana tal vez no tengas que hacerlo”.

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