5 de noviembre 2018 - 15:58

Daniel Balmaceda revela la revolución detrás de la moda: de la anécdota al momento histórico

Daniel Balmaceda (Foto Instagram Daniel Balmaceda)
Daniel Balmaceda (Foto Instagram Daniel Balmaceda)
Hay elementos que describen casi a la perfección los diferentes procesos históricos. Uno de ellos es la moda, reflejo de lo económico, lo cultural, lo social e incluso lo político si el análisis se profundiza. Así lo demuestra Daniel Balmaceda en su más reciente libro, "Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina", de editorial Sudamericana. En diálogo con ámbito.com, repasó momentos destacados de la historia local que fueron evidenciados a través de diferentes prendas.



Balmaceda evoca la Ley de Laver, realizada por el historiador del arte James Laver en 1937, para detallar y entender las calificaciones que se le hacen a la ropa, antes o después de su época: "Diez años antes de su tiempo: indecente. Cinco años antes: desvergonzada. Un año antes: atrevida. Un año después: pasada. Diez años después: horrorosa. Veinte años después: ridícula. Treinta años después: graciosa. Cincuenta años después: pintoresca. Setenta años después: encantadora. Cien años después: romántica. Ciento cincuenta años después: preciosa".

Uno de los primeros capítulos es protagonizado por el portugués Sebastián de la Vega, el primer sastre de Buenos Aires. En 1602, sin competencia a la vista, vestía tanto a damas como a caballeros. Pero una denuncia puso fin a su carrera cuando un funcionario del cabildo que oficiaba de fiel ejecutor (algo así como la actual Defensa del Consumidor) descubrió que De la Vega cometía un fraude: con su vara adulterada, cobraba más por menos, ya que el accesorio era más corto. El hombre fue condenado y se le retiró la licencia para ejercer su trabajo. La vara, en tanto, fue incautada. "Era un comerciante inescrupuloso que se aprovechaba de los clientes y que no pudo salirse con la suya. Al modificar la vara, nadie tenía una forma de comprobar las medidas. El Cabildo detectó que había algún tipo de fraude y lo sancionaron", resumió el autor.

¿Quién determinó que los chicos debían vestirse con ropas diferentes a las de sus padres? Uno der los pioneros en tratar el tema fue el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, "el primero que planteó discutir el vestuario de los chicos", según el historiador. "A él le pareció que hacía falta un vestuario más holgado, más cómodo y que había que dejar de vestir a los chicos como a los grandes. Luego se dio la necesidad de diferenciar en colores al varón de la mujer, porque todos usaban vestidos", sostuvo Balmaceda.
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De la colección del Museo de la Ciudad de Buenos Aires. Sin fecha.

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Pero no siempre los colores que hoy se conocen como distintivos de cada género se usaron del mismo modo. Al principio, "se utilizó el celeste para la mujer y el rosa para el hombre, con la lógica de que el colorado es un color fuerte y el azul es un color suave". Esto, en directa e intencional relación con las supuestas conductas y personalidades femeninas y masculinas. "Luego de la Primera Guerra Mundial, cuando ya el azul se impuso mucho en los uniformes, empezó a plantearse éste como un color más masculino. A partir de allí, el celeste comenzó a ganar espacio entre los varoncitos y quedó el rosa para las niñas", explicó.

Si se habla de moda presidencial, un protagonista indiscutible a la hora del protocolo y la elegancia fue el frac. Su diseño, con delantera hasta la cintura y parte trasera hasta las rodillas se basa en que nació como abrigo de los jinetes. Entre los mandatarios, era la prenda clásica de asunciones, tedeums y galas. Pero hubo un presidente que rompió con la tradición que tendría luego su final definitivo en 1983: fue en 1963, cuando "Illia no quiso usar el frac durante la jura ante la Asamblea porque consideraba que así vestido parecía un pingüino".

En el ámbito de la educación, el símbolo argentino por excelencia al hablar de vestimenta es el guardapolvo blanco. Su instauración dentro de las escuelas fue una lucha, ante la negativa de algunos padres que veían la idea como "descabellada". En 1915 una maestra de un colegio de Recoleta compró y pagó de su propio bolsillo varios metros de tela blanca que repartió entre los estudiantes, para que las madres cosieran los delantales. Su objetivo era contundente: los delantales taparían esa ropa que evidenciaba la condición social de cada alumno y dividía a los humildes de los de mejor posición económica. La iniciativa terminó en denuncia y fue el Ministerio de Educación quien terminó interviniendo, a favor de los guardapolvos. Muchos años después, en 1942, se determinó su uso obligatorio en las escuelas.
El guardapolvo, como símbolo de igualdad (Foto Instagram Daniel Balmaceda)

Pero, ¿quiénes fueron siempre las más señaladas a la hora de vestirse? "Los prejuicios en la moda fueron más duros con la mujer que con el hombre", reconoció Balmaceda. El largo de la pollera, la introducción de la bikini e incluso la adopción del pantalón por parte del género femenino desataron, cada una a su tiempo, fuertes polémicas. Según el autor, "la razón está en el hecho de que la mujer fue mucho más audaz para los cambios. Siempre estuvo más expuesta a la mirada y a la crítica por su audacia, a la vez que por el espacio más secundario que tuvo durante siglos. Eso hacía que no se esperara que tuviera valentía para aparecer en público ofreciendo novedades en su vestuario".

Así, cuando en 1925 se acortaron las polleras y quedaron apenas por debajo de las rodillas el escándalo fue tal que se creó un accesorio denominado "modestor". El mismo era una especie de manta para ponerse sobre la falda al sentarse y tapar las "impúdicas rodillas".

Una adelantada para su época fue Lola Mora, quien en 1902 se calzó los pantalones sin importarle las miradas ajenas. Ante cada nota periodística, el detalle de su vestimenta siempre merecía mención, sin embargo, su estilo no derivó en la masificación de la prensa. "Lola Mora nunca tuvo la intención de imponer entre las mujeres la moda de los pantalones o las babuchas. Ella se valió de los pantalones por su profesión. Estaba trepada o sentada en andamios, el pantalón era la prenda más cómoda a la que podía acceder", sostuvo el historiador.
Fuente de Las Nereidas, creada por Lola Mora

En ese sentido, aclaró que "en 1902 a todos les parecía que era sumamente osado que una mujer utilizara ese tipo de ropa en una época en que la mayoría de las mujeres usaban corsé y unos vestidos con faldas muy amplias que no permitían adivinar el cuerpo. En cambio, el cuerpo de Lola Mora estaba claramente demarcado a través de esos pantalones". Por último, Balmaceda ejemplificó con un hecho las reacciones que la consagrada artista despertaba: "Ella era consciente de que llamaba la atención y de que estaba mal visto por las mismas mujeres vestir de esa manera. La noche que se inauguró la Fuente de las Nereidas se hizo una comida para homenajear a Lola Mora: eran todos hombres menos ella".

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