Desde el jueves 1 en las librerías. Está muy bueno! pic.twitter.com/1106HwDn1S
— Daniel Balmaceda (@d_balmaceda) 29 de octubre de 2018
5 de noviembre 2018 - 15:58
Daniel Balmaceda revela la revolución detrás de la moda: de la anécdota al momento histórico
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Daniel Balmaceda (Foto Instagram Daniel Balmaceda)
Pero no siempre los colores que hoy se conocen como distintivos de cada género se usaron del mismo modo. Al principio, "se utilizó el celeste para la mujer y el rosa para el hombre, con la lógica de que el colorado es un color fuerte y el azul es un color suave". Esto, en directa e intencional relación con las supuestas conductas y personalidades femeninas y masculinas. "Luego de la Primera Guerra Mundial, cuando ya el azul se impuso mucho en los uniformes, empezó a plantearse éste como un color más masculino. A partir de allí, el celeste comenzó a ganar espacio entre los varoncitos y quedó el rosa para las niñas", explicó.
El guardapolvo, como símbolo de igualdad (Foto Instagram Daniel Balmaceda)Pero, ¿quiénes fueron siempre las más señaladas a la hora de vestirse? "Los prejuicios en la moda fueron más duros con la mujer que con el hombre", reconoció Balmaceda. El largo de la pollera, la introducción de la bikini e incluso la adopción del pantalón por parte del género femenino desataron, cada una a su tiempo, fuertes polémicas. Según el autor, "la razón está en el hecho de que la mujer fue mucho más audaz para los cambios. Siempre estuvo más expuesta a la mirada y a la crítica por su audacia, a la vez que por el espacio más secundario que tuvo durante siglos. Eso hacía que no se esperara que tuviera valentía para aparecer en público ofreciendo novedades en su vestuario".
Así, cuando en 1925 se acortaron las polleras y quedaron apenas por debajo de las rodillas el escándalo fue tal que se creó un accesorio denominado "modestor". El mismo era una especie de manta para ponerse sobre la falda al sentarse y tapar las "impúdicas rodillas".
Una adelantada para su época fue Lola Mora, quien en 1902 se calzó los pantalones sin importarle las miradas ajenas. Ante cada nota periodística, el detalle de su vestimenta siempre merecía mención, sin embargo, su estilo no derivó en la masificación de la prensa. "Lola Mora nunca tuvo la intención de imponer entre las mujeres la moda de los pantalones o las babuchas. Ella se valió de los pantalones por su profesión. Estaba trepada o sentada en andamios, el pantalón era la prenda más cómoda a la que podía acceder", sostuvo el historiador.
Fuente de Las Nereidas, creada por Lola MoraEn ese sentido, aclaró que "en 1902 a todos les parecía que era sumamente osado que una mujer utilizara ese tipo de ropa en una época en que la mayoría de las mujeres usaban corsé y unos vestidos con faldas muy amplias que no permitían adivinar el cuerpo. En cambio, el cuerpo de Lola Mora estaba claramente demarcado a través de esos pantalones". Por último, Balmaceda ejemplificó con un hecho las reacciones que la consagrada artista despertaba: "Ella era consciente de que llamaba la atención y de que estaba mal visto por las mismas mujeres vestir de esa manera. La noche que se inauguró la Fuente de las Nereidas se hizo una comida para homenajear a Lola Mora: eran todos hombres menos ella".



