30 de abril 2003 - 00:00

Daniel Baremboim frente a dos atriles confesionales

Daniel Barenboim y Edward W. Said «Paralelismos y paradojas» (Barcelona, Debate, 2003, 319 págs.) y Daniel Barenboim «Mi vida en la música» (Bs. As., El Ateneo, 2003, 298 págs.).

C on poca diferencia de tiempo aparecen en el mercado dos libros que tienen al famoso pianista y director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboim como protagonista. El primero, «Paralelismo y paradojas», es un intercambio de ideas entre el músico y el comprometido analista del conflicto en Medio Oriente Edward Said, a su vez autor del imprescindible ensayo «Cultura e Imperialismo». Said y Berenboim declaran que se dispusieron a trabajar juntos «porque la política no es eficaz para atender las necesidades humanas».

En «Paralelismos y Paradojas» los temas musicales (interpretación, Beethoven, Wagner o Fürtwangler) alternan con los graves problemas mundiales de la actualidad y que signan la desoladora apariencia de decadencia sin solución, cuando la política se transforma en espectáculo gracias a los medios de comunicación y hasta se legitiman las guerras. Son conversaciones entre dos personalidades geniales pero de abundante sensibilidad.

Desde el prólogo de su autobiografía, «Mi vida en la música», Daniel Barenboim declara que no va a entrar en cuestiones personales, aunque cuenta su vida desde la niñez, siempre es en relación a la música. Los capítulos dedicados a su infancia en Buenos Aires devienen en la historia del movimiento cultural de los años '50 y sus protagonistas. Su narración es fluida y espontánea, y postula a la música como el mejor medio para lograr la relación del individuo consigo mismo y con el mundo. El lector recibe el «back-stage» de la experiencia «West-Eastern Divan», el taller de música y orquesta que formó alternando atriles entre israelíes y palestinos, y que llamó la atención en todo el mundo.

Aconsejable para sus admiradores, para curiosos, para quienes quieran tener una visión positiva del mundo actual y para los músicos, a quienes aconseja: «Un pasaje que presenta dificultades técnicas si tiene que interpretar más despacio hasta que se aprende a controlarlo, pero siempre el lado técnico del expresivo, en música, es como separar el cuerpo del alma».

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