20 de diciembre 2004 - 00:00

Danza y tecnología en atractiva interacción

Cristina Cortés y Ariel Jaenish en uno de los momentos de danza convencional que tiene «Ojo al zoom», donde el espacio real y el virtual están en permanente comunicación.
Cristina Cortés y Ariel Jaenish en uno de los momentos de danza convencional que tiene «Ojo al zoom», donde el espacio real y el virtual están en permanente comunicación.
«Ojo al zoom». Coreog. y direc.: M. Bali. Música: J.L. Sad. Ilum.: E. Sirlin. Vest.: M. Toschi. (Teatro Presidente Alvear).

La acuciante realidad, argentina e internacional, nunca queda afuera en esta cosmogonía elucubrada por Margarita Bali para su «Ojo al zoom». Por ese motivo, tanto el ataque a las torres gemelas de Nueva York como los sucesos en el Buenos Aires de 2001 que terminaron con la caída del gobierno de la Rúa invaden la pantalla -ubicada como fondo- mientras la protagonista de esta suerte de memoria y sueño escribe su historia personal, en vivo, en el escenario.

Bali
juega con el espacio virtual y el real y logra una hiperactividad estética, donde la mujer se enfrenta con el entorno pero también consigo misma en un intento de autoanálisis. Qué cosas del «afuera» y qué del «adentro» perturban su espíritu y de que manera manifiesta la movilidad instintiva que le producen los estímulos visuales y auditivos en su conciencia, quizás atribulada, por un supramundo que le cuesta entender y reformular para su existencia.

«Ojo al zoom»
(ojo al acercamiento compulsivo) trabaja con un lenguaje contemporáneo de la danza donde la movilidad está impulsada por la investigación y la confrontación entre la inmovilidad de los objetos (silla y mesa) con la dinámica corporal (la de la bailarina y la de su eventual partenaire, primero camarógrafo y luego compañero de un dúo de atractiva realización). Es posible que la mujer represente a la misma Margarita Bali en su afán por descubrir los más íntimos secretos del espacio escénico así como también la interacción entre el video y el teatro.

El barroquismo del material fílmico (con imágenes superpuestas, dibujos y proyecciones sobre el mismo cuerpo de la bailarina crea un universo visual de semántica múltiple. Otro factor a tener en cuenta es la trascendencia del sonido en ese cosmos. Preparado por Jorge Luis Sad, los ruidos y la música estimulan también la imaginación (¿poética?) de la protagonista.

«Dancing in the Dark»,
de Arthur Schwartz trae un momento de distensión al todo y los bailarines (Cristina Cortés y Ariel Jaenish) se entregan a una danza convencional, que actúa como contraste con la hipermodernidad que respira el trabajo de Bali, una investigadora de múltiples aristas que supera holgadamente el mundo de la danza.

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