25 de agosto 2003 - 00:00

De glorias y destierros

El exilio parecería ser un destino habitual, normal, esperable para artistas e intelectuales argentinos. Unos se van perseguidos por razones políticas, otros porque el país no les brinda las oportunidades que creen merecerse, a otros los expulsan los vaivenes económicos y otros más se quedan afuera simplemente por esas cosas de la vida. Pero la gran mayoría suele volver, a la corta o la larga, regresan atraídos por el peso de la patria, vencidos o consagrados.

• Olvidados

Este no fue el caso de un grupo de artistas que en los últimos años cincuenta y al principio de la década del sesenta prácticamente dominaron la escena, ganaron todos los premios locales y buscaron destinos internacionales. Fernández Muro se afincó con su mujer Sara Grilo en Madrid, Mario Pucciareli en Roma, Kasuya Sakai en México y posterior-mente en Dallas. Pocos años después Fernández Muro se suicidó, pero ninguno regresó. Su obra - abstracta, gestual, expresiva, informalista - fue perdiendo vigencia en los círculos locales y si bien todos ellos siguieron pintando exitosamente en sus respectivos destierros, hay que reconocer que ninguno consiguió la consagración internacional que tal vez había esperado. Cuarenta años después es tiempo de replanteo.

Recientemente el Museo de Arte Moderno incluyó a estos artistas en su gran muestra sobre el informalismo y ahora es el Fondo Nacional de las Artes el que muestra sus obras, las realizadas antes de su desarraigo voluntario y aquellas que impactaron indeleblemente en la historia del arte argentino, en una muestra curada por Patricia Rizzo. Repatriar su obra extranjera, darnos a conocer la pintura del exilio es una asignatura que sigue pendiente.

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