6 de agosto 2004 - 00:00

Del melodrama a la comedia sin escalas

Ben Affleck y la hija que le complica la vida en Padre soltero, un cóctel de ternura forzada, realismo, situaciones agridulces y varios chistes buenos, que se ve con agrado.
Ben Affleck y la hija que le complica la vida en "Padre soltero", un cóctel de ternura forzada, realismo, situaciones agridulces y varios chistes buenos, que se ve con agrado.
«Padre soltero» (« Jersey girl», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: K. Smith. Int.: B. Affleck, L. Tyler, J. Biggs, J. Lopez, S. Root, W. Smith.

Kevin Smith
es un director que está aprendiendo a acomodar su estilo indie de hace diez años -con «Clerks» como mayor clásico-al tipo de película más grande a la que puede aspirar en el Hollywood actual. Viendo esta comedia dramática forzadamente tierna y realista cuesta pensar cómo será su aproximación al mitológico superhéroe Linterna Verde, a estrenarse el año que viene.

El prólogo con unos chicos pasando al frente a leer su composición sobre su familia es un ejemplo de lo desparejo de este intento de adaptación. Un chiste puede parecer más inocuo que el de la peor comedia familiar con niños de Disney, y dos minutos más tarde de ese clima anodino puede surgir una intensa narración melodramática de esas que ya nadie se atreve a filmar. Y luego el melodrama puede volverse peligrosamente meloso para rematar en un chiste de humor negro totalmente sorpresivo, y por eso mucho más eficaz.

Ben Affleck
intenta volver al cine que hacía antes de «Pearl Harbor», encarnando a un publicista de grandes estrellas de rock enamorado profundamente de Jennifer Lopez, que por un triste giro del destino enviuda al mismo tiempo que se convierte en padre, sin poder asumir esa traumática paternidad, que para colmo afecta radicalmente su brillante carrera. Abandonando sus triunfos en Manhattan, se resigna a volver a la casa familiar en New Jersey, sintiéndose un fracasadoque ni siquiera trata de seducir a la encantadora empleada de video-club interpretada por Liv Tyler.

La historia por momentos avanza poco enfocando situaciones agridulces que a veces son atractivas, y otras veces pueden lucir artificiales y demasiado dialogadas. En el medio hay buenos chistes, diálogos brillantes -en general ésos son breves-y momentos que resultan sinceros y emotivos y terminan justificando este film desparejo y bien intencionado fotografiado con elegancia suprema por el maestro Vilmos Zsigmond.

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