13 de abril 2005 - 00:00

Demasiadas historias para una sola obra

La actuación deGraciela Araujoy FernandoLlosa, como dosancianosdelirantes, es loúnico quedespiertainterés en unaobra queadolece deexceso dehistorias(insustanciales),temas yrecursosexpresivos.
La actuación de Graciela Araujo y Fernando Llosa, como dos ancianos delirantes, es lo único que despierta interés en una obra que adolece de exceso de historias (insustanciales), temas y recursos expresivos.
«Agua» de G.Lizarazu. Int.: G. Araujo, F. Llosa, I. Quinteros, M. Salazar y elenco. Dir.: G. Lizarazu. Mús. Orig.: G. Barredo, E. Haro. Coreog.: G. Litvak. Esc.: G. Caputo. Vest.: J. Suárez. Ilum.: A. Lemme. (Sala Cunill Cabanellas - TGSM.)

Dos historias, narradas en paralelo, intentan transmitir de manera más o menos metafórica la crisis de valores que afecta a la sociedad argentina desde hace ya varias décadas. Sobre esta estructura la autora y directora Gladys Lizarazu, montó un espectáculo multimedia que contrapone dos universos: el de los jóvenes de hoy y el de la generación de sus abuelos, no menos perdida y apabullada ante la realidad presente.

La acción transcurre en dos departamentos. Uno de ellos está habitado por una simpática pareja de ancianos que debido a su senilidad reciben la paciente atención de una empleada paraguaya. El otro departamenteo está habitado por un jovencísimo disc jockey que recibe allí a sus conocidos de la disco. En general, son veinteañeros (con algún cuarentón infiltrado) que frente a las dificultades de la vida buscan refugio en el circuito de la noche y en sus paraísos artificiales.

La autora apeló a simples viñetas para describir los diferentes problemas que aquejan a estos jóvenes (falta de rumbo, maternidad prematura, adicción a las drogas) sin construir un nudo dramático que realmente los articule. Los conflictos expuestos no reflejan una lectura metafórica del material, sino que parecen extraídos de la simple crónica periodística, como el tema de los secuestros exprés, los saqueos a supermercados de 2001 y otros hechos evocados en escena a través de actuaciones muy desparejas.

La historia de los ancianos, en cambio, está trabajada por capas lo que le brinda una mayor espesura a cada situación. Pero la cantidad de secretos e incidentes que rodean a esta curiosa dupla de tía y sobrino (y esto sin contar los problemas personales de la mucama) desborda ampliamente las posibilidades de esta puesta dejando a su paso demasiados hilos sueltos.

«Agua»
adolece de un exceso de historias, temas y recursos expresivos, en donde el uso de proyecciones tampoco está aprovechado con un criterio dramático. Aunque logre recrear la ambientación «disco» y cierto efecto alucinógeno, en otros momentos la emisión de imágenes se vuelve más redundante (como en el compilado de hechos históricos recientes) o eclipsa la actuación en vivo como sucede cuando se proyecta una escena de la película «Sueños en Arizona».

Lo mejor de la puesta son las actuaciones de Graciela Araujo y Fernando Llosa, en la piel de dos ancianos delirantes y alguna vez combativos que, sin duda, merecerían contar con una obra en exclusiva.

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