20 de abril 2005 - 00:00

Desencanto de DeLillo tiene hoy más vigencia

Desencanto de DeLillo tiene hoy más vigencia
«Jugadores» de Don DeLillo. Trad.: Miguel Martínez-Lage. Editorial Seix Barral. Buenos Aires, 2004. 253 págs.

"Jugadores" fue publicada por primera vez en 1977 con el beneplácito de la crítica norteamericana. El público, sin embargo, se mostró indiferente ante este. Con el correr de los años esta breve novela de Don DeLillo terminó adquiriendo mayor vigencia que en su primera edición, no sólo por su desencantada alegoría de la vida en una gran metrópoli, sino muy especialmente por su satírica incursión en el tema del terrorismo.

Pammy
y Lyle son dos profesionales exitosos: él trabaja en la bolsa, ella en una importante firma con oficinas en el World Trade Center (el mismo que fue destruido por el ataque terrorista de septiembre de 2001). DeLillo ubica a los protagonistas en dos importantes centros de poder económico, pero ambos sufren el mal de su tiempo: nada los interesa.

En busca de novedades, Pammy se instala en Maine junto a una pareja de amigos homosexuales, que al igual que ella intentan una idílica vuelta a la naturaleza. Entretanto su marido se involucra con un grupo de terroristas dispuestos a dinamitar la Bolsa de Wall Street (dato que hoy resulta mucho más perturbador que a fines de los '70). Lyle ironiza sobre «la glamorosa violencia revolucionaria», pero lo que en realidad busca es una estructura menos virtual que su mundo de cifras en pantalla, algo que lo libere de su abulia y ensimismamiento.

Los críticos norteamericanos elogiaron el estilo irónico y minimalista de «Jugadores» y, en especial, la gran capacidad de su autor para captar el lenguaje íntimo de una pareja, lleno de chistes localistas y frases sin terminar. Pero esto es algo que la precaria traducción española impide apreciar. Aún más difícil de digerir es la irritante banalidad de sus personajes y el sin sentido que los rodea.

En pocas palabras, el autor de «Cosmópolis» abusa de los detalles superfluos y de los diálogos tontos, al punto de mimetizarse con sus aburridos personajes.

Dejá tu comentario

Te puede interesar