C on las heterogéneas presencias de María Kodama, Jorge Asís, Moisés Ikonicoff, Eduardo Bergara Leumann, China Zorrilla, Irma Roy y Carlos López Puccio, entre otras figuras vinculadas a la cultura o el justicialismo (o, en algunos casos, a ambos al mismo tiempo), el Secretario de Cultura de la Nación Torcuato Di Tella presentó ayer en el Palais de Glace a su inmediata subordinada, la Subsecretaria Magdalena Faillace, y a sus colaboradores.
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La ceremonia transcurrió con un fondo plástico de la muestra «Desde la Geometría 2+10», donde se improvisó un salón de actos con sillas económicas para albergar a unos 300 invitados, que fueron convidados tras los discursos de Di Tella y Faillace con vino tinto de honor y empanadas. Di Tella, que prefirió invitar a los presentes a disfrutar del «tentempié» en lugar del cocktail, reconoció que su intención «no es inventar la pólvora sino desacartonar y desolemnizar la cultura argentina».
Eufórico con el estilo «K», Di Tella habló del sorprendente optimismo reinante, tras la larga depresión, pero se atajó: «Vamos a ver cuánto dura porque la realidad es difícil de cambiar».Faillace citó a Kirchner repitendo su leitmotiv: «Nosotros también somos personas comunes, como le gusta decir al Presidente, que buscaremos que los cargos sirvan a la gente y no a los funcionarios». Di Tella presentó e invitó a tomar posesión de sus funciones, además de Faillace, a los directores nacionales Américo «Meco» Castilla (Patrimonio y Museos), Elvio Vitali (Acción Federal e Industrias Culturales), Francisco Bullrich (Política Cultural y Cooperación Internacional), Eduardo Rodríguez Arguibel (Dirección Nacional de Artes), Horacio Salas (Biblioteca Nacional), Jorge Coscia (Instituto Nacional del Cine, quien en la reunión de ayer era el que, por ley, ostentaba el cargo más alto: «Presidente», del cine claro) y Patricio Loizaga (Palais de Glace).
De acuerdo con lo que se suele escuchar en todo acto similar en los últimos veinte años, el Secretario reiteró que «la cultura no es sólo la cultura de élite, sino que también lo es la cultura del pueblo». Consultado por este diario sobre su negativa inicial de aceptar un cargo público, Di Tella reiteró: «Nunca lo tuve en el Estado sino más bien fui un francotirador. Colaboré en la creación del Instituto Di Tella y en el Gino Germani, así que encaro esta labor, parafraseando a Sören Kierkegaard, con temor y temblor».
Presentada por el Secretario como «la nueva caballera o Miss cultura», e insistiendo en abolir la dicotomía de cultura alta y baja, Faillace se definió como «peronista», agradeció la presencia a sus «compañeros de militancia» y evaluó que «lo más importante de Perón y Eva es que pensaron en la gente».
Según estimó el funcionario: «El sector empresario tiene también participación en la cultura, y queremos formar parte de la transformación que está comenzando en el país y que Néstor Kirchner está impulsando». Faillace, por su parte, se excusó por adelantado de los futuros errores: «seguramente tomaremos muchas decisiones y nos vamos a equivocar». Conocedora del ámbito, se refirió a la sensibilidad de su área con términos futbolísticos: «Sabemos que el mundo de la cultura se puede convertir en una 'feria de vanidades' pues contamos con individualidades muy fuertes. Esperamos que no sea así porque es un equipo que apunta a la integración». Faillace calificó al dinero para cultura como «la Cenicienta del presupuesto nacional». El presupuesto anual fue estimado por Di Tella, de manera optimista, entre 60 y 70 millones de pesos, muy poco más que lo que maneja a nivel municipal la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
Otros emprendimientos que delinean el estilo de Di Tella en Cultura son la generación de rincones de lectura, orquestas y coros en hospitales, cárceles y plazas, mientras que volvió a mostrarse estusiasmado con las fiestas populares, y sumó una nueva celebración a la agenda. «Estamos preparando un gran festejo para el 1 de agosto». Y no le dio tiempo a los invitados a hurgar en su memoria qué efeméride justicialista podría recordarse ese día. La razón era más ecuménica, a nivel subcontinental: es el día de la Pachamama.
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