Torres en el Luna Park hizo música, teatro, danza, humor e improvisación. Sus fans pretenden todo de él.
Recital de Diego Torres. Presentación del CD «Unplugged». Con F. Calahorrano (dirección musical), G. Luciano (bajo), E. Ghilardi ( batería), P. Etcheverry (teclados), L. Cardoso y S. Addario (guitarras), J. Mokdad (percusión), C. Díaz (trompeta), D. Chavez y A. Batista ( coros), L. González ( guitarra y dirección de cuerdas), S. Maschi y B. Danko (violines), M. Castro y D. Tavella ( violonchelos), M. Cigna (bandoneón.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Los shows de Diego Torres deben entenderse como espectáculos integrales de música, teatro, danza, humor e improvisación, cuyo protagonista excluyente es este showman que ofrece impecables interpretaciones de sus temas y una cuota extra de variedades. Con un repertorio poco extenso -sólo 16 temas y tres en los bises- el recital superó las dos horas por el tiempo que el «showman» dedica al monólogo y feedback con el público.
Durante el recital, Torres ejecuta dos temas tranquilos sentado al teclado; baila salsa y rumba al ritmo de temas como «Tratar de estar mejor» o «La zarzamora»; recibe a numerosos invitados como el magnífico Miguelius, « beatvox», que improvisa sonidos «electrónicos» con su garganta; Lito Vitale, para acompañar en acordeón; la murga de chicos «La chilinguita» -participó durante el tema «Color esperanza», en una versión muy superior a la que ya saturó en radios argentinas y del mundo en decenas de idiomas-y la cantante Emme. Torres tiene tiempo para todo: mientras va avanzando en los temas «unplugged» de su último disco, alza a una beba del público, cambia tres veces su vestuario y se pasea por el borde del escenario, de una punta a la otra, acariciando las manos en alto de sus fans desorbitadas.
El año pasado, la anécdota de rigor que nunca falta en sus shows giraba en torno a la vida en Mexico junto a Angie Cepeda, su ex-novia. Esta vez, el cuento involucró a una doctora: «El otro día fui a cenar con una amiga médica -después les explico qué tipo de tratamiento estoy siguiendo-y la comida tardó una hora en llegar. Cuando por fin trajeron los platos, fríos y secos, comprendí lo que había ocurrido: la dueña del restaurante había llamado a su familia, que atravesó toda la ciudad para venir a saludarme. La verdad, riquísimo todo».
Hacia el final pidió perdón al público de las primeras filas, sin duda el que peor la pasa, porque paga el precio más alto pero no puede disfrutar pues es atropellado por las fans que se agolpan junto al escenario con minicámaras digitales.
Diego Torres conserva aún la humildad y al final del espectáculo no sólo nombró a los músicos sino que también mencionó al iluminador, sonidista, plomos, etc. Una vez concluido el recital, mientras buena parte del público iba saliendo, Torres seguíaagachado al borde del escenario oscuro, saludando a todos los que quisieran acercarse. A esa altura, su banda brindaba en camarines, «La chilinguita» comía sandwiches y hasta Lito Vitale -asistió con su familia a la platea-ya se había retirado.
Dejá tu comentario