6 de julio 2000 - 00:00

"DINOSAURIO"

T antas veces suele decirse que la empresa Disney es líder mundial en cine de animación que la frase ya parece carecer de sentido. Cuando así ocurre, la Disney se destapa con una película como ésta, y no sólo confirma su liderazgo sino que además les saca varios cuerpos de ventaja a sus competidoras. Y, realmente, les va a dar trabajo alcanzarla.Estamos hablando del aporte tecnológico, hay que aclararlo. En cuanto a la historia como tal (porque el público, pasada la primera impresión, siempre pone en segundo lugar la tecnología y se concentra en la historia, por eso, si la historia es floja, no hay efectos especiales que valgan), en este caso es también una típica película Disney. Vale decir, no sólo excelencia artística, sino también la eterna visión del círculo de la vida, exaltando de paso los valores positivos, políticamente correctos.
•rgumento
Este es el resumen. En lejanos albores de nuestro mundo, allá por el cretácico, a juzgar por los animales que lo habitan, un huevo de iguanodón va a parar a manos de una familia de lemures. Es probable que los lemures todavía no existieran como tales, acaso hubiera sido mejor pintar algunos plesiadapis, que serían sus antepasados, pero, en fin, ésta es una licencia, digamos, tolerable, y viene a cuento, ya que, al ser criado por primates, cuando crezca el dinosaurio terminará demostrando conceptos de solidaridad bastante avanzados para su propia especie. Atiende a los débiles, respeta a las viejas, acompaña al agonizante, en fin, todo lo contrario del concepto de sobrevivencia del más fuerte que preconiza el curtido líder de la manada de grandes saurios que andan casi toda la película arrastrándose pesadamente por el desierto, en busca de agua, acechados por velociraptors y carnotauros.
Su ejemplo hará que otro animal, aparentemente seco y bruto, termine sacrificándose voluntariamente por los demás, y que el resto aprenda, incluso, que la unión hace la fuerza, y ningún grandote puede si todos los débiles le hacen frente a la vez. La escena que cuenta esto es, por cierto, una de las más sencillas, pero la más linda de la película. Dicho sea de paso, aquí nos tocó aportar a los malos: los carnotauros son de estas pampas (
«Nunca habían venido tan al Norte», dice alguien un poco antes, preocupado por esos inmigrantes, si no ilegales, indeseables).
La escena carece de diálogos en lengua humana, sólo hay bramidos, y eso refuerza su potencia dramática. Lo mismo ocurre en los primeros minutos del film. Uno espera entonces algo así como
«La guerra del fuego» pero, qué lástima, apenas aparecen los lemures ya empieza la charla, plagada de modernismos innecesarios («Dicen que en su época era un Casanova», «Chicas, estoy en preventa», etc.). Por suerte, no hay canciones. Y está además ese trabajo impresionante de combinación de imágenes reales con imágenes computarizadas que causa verdadera admiración, y apabulla con la apariencia de realidad que llega a otorgarles a los animales. Al respecto, aunque la trama sea casi la misma que «Pie pequeño en el Valle Encantado», conviene advertir que esta película es más bien para los mayorcitos...

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