Los Angeles - Año tras año, la entrega del Oscar al mejor film extranjero puede dar una imagen errónea al resto del mundo que lo mira por TV. En los Estados Unidos, las películas no habladas en inglés, y peor aun si son artísticas, encuentran cada vez menos lugar en los cines. Desde luego, esto se refiere únicamente a ciudades como Nueva York, Los Angeles o Chicago, ya que en el resto del país hoy es insólito poder ver en cartel un título francés, italiano o argentino.
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Uno de los propietarios de la tradicional cadena de cines Laemmle, dedicada al cine de arte o extranjero, se lamentaba días atrás: «El último film exitoso que tuvimos fue 'Un hombre y una mujer'. En los años 60, claro. Hoy sería imposible igualar, con una película parecida, semejante permanencia en cartel».
La nostalgia del empresario no se refería, únicamente, a los eventuales cambios en el gusto del público, sino también a las prácticas cada vez más agresivas de los distribuidores: la impaciencia y la competencia feroz, según él, frustran también las posibilidades de que una película llegue, en los cines, a todo su público potencial.
La costumbre de medir el éxito de una película en términos de meses parece, a estas alturas, un anacronismo incomprensible. Todo se limita a las semanas en cartel. A directores del prestigio de Claude Lelouch, Bertrand Tavernier y Costa-Gavras suele vérselos en fiestas o avant-premières con el único fin de atraer la atención de los distribuidores sobre sus últimos trabajos, cuando años atrás eran ellos los que escuchaban ofertas desde sus propios países. En muchos casos, además, sus nuevas obras van directamente a DVD, sin pasar por los cines. «Nuestro mayor éxito del año fue 'Contra la pared'», dijo Marcus Hu, de la firma Strand Releasing, la más exitosa entre las independientes. «Es probable que lleguemos a recaudar 700,000 dólares al fin de su explotación». Desde luego, esa suma no puede ni llegar a equipararse con lo que cosechaba un gran éxito años atrás.
La mayor sorpresa provino de Francia, sin embargo: un documental, llamado «La marcha del emperador», sobre la vida de los pingüinos antárticos, llegó a derrotar inclusive a «Bowling for Columbine» de Michael Moore en las boleterías. Sin embargo, sus distribuidores recurrieron a un método que contribuyó mucho a elevar el éxito: estrenaron una versión doblada al inglés por Morgan Freeman, por lo cual para muchos de sus espectadores se trató, simplemente, de una película local. Y de tema familiar para todos los adictos de «Animal Planet», que en los Estados Unidos son legión.
Más de un distribuidor que se dedicaba anteriormente al cine de arte extranjero decidió, con las planillas de cifras en la mano, cambiar de rubro: el público cayó 9% con respecto al año pasado (que tampoco había sido brillante), mientras una encuesta llevada a cabo por Associated Press indicaba que 73% de la población adulta prefiere ver películas en DVD en su casa antes que ir al cine. Y, para los films hablados en otros idioma, el impacto es mucho más grave. Bob Foster, ex distribuidor y ahora titular del sello «Image», señaló: «Hay que convencerse de que, en el futuro inmediato, sólo el DVD será el formato posible para el cine de arte. Comprobamos semana a semana que películas que fracasaron estrepitosamente en las salas tienen después una buena y a veces muy buena respuesta en DVD.» La opinión de distribuidores independientes no es muy distinta a la suya. «Hoy por hoy, hay que convencerse de que es así», opinó Edward Stupianson, del sello Omega Films. «Lo que nos salva muchas veces son las películas temáticas, es decir, para minorías específicas».
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