2 de agosto 2001 - 00:00

El amor en jaque, con cámara elegante

John Turturro y Emily Watson.
John Turturro y Emily Watson.
«Alexander y Natalia» («The Luzhin Defence», G. Bretaña-Francia- Italia-Hungría-EE.UU., 2000, habl. en inglés.) Dir.: M. Gorris. Guión: P. Berry sobre novela de V. Nabokov. Int.: J. Turturro, E. Watson, G. James, S. Wilson.

Antes de darse a conocer internacionalmente con la contundente y disfrutable «Memorias de Antonia» (Oscar al mejor film en lengua no inglesa 1995), Marleen Gorris ya había hecho otras películas que poca gente vio fuera de Holanda. Después del Oscar, cuenta ella, le llovieron ofertas y guiones, entre ellos el de «Mrs. Dalloway» sobre libro de Virginia Woolf que alguien le acercó debido a que, dada la temática de «Antonia» y sus anteriores films, también se la decretó feminista.

«Mrs. Dalloway» fue su primera obra con base literaria y en ella, Gorris logró capturar y transmitir el espíritu de la auto-ra inglesa. «Alexander y Natalia» adapta ahora a Vladimir Nabokov («The Luzhin Defense», como el título original del film), pero lo hace muy libremente, de modo que para evitar decepciones, es preferible verlo como un film inspirado en el autor de «Lolita» que, como se sabe, no ha tenido mucha suerte en el cine.

Gorris misma reconoce que el guión de Peter Berry le gustó más que la novela de Nabokov. Se esté o no de acuerdo, hay que reconocer que no es fácil trasladar al cine una novela que transcurre en la cabeza del protagonista, menos aún si cada uno de sus pensamientos gira alrededor del ajedrez, la obsesión que rige su vida.

John Turturro es el ruso Alexander Luzhin, un hombre al que basta ver llegar al viscontiano hotel situado en las orillas del Lago Como, para dudar de su cordura. Ha viajado a ese apartado paraje italiano para participar de un campeonato mundial de ajedrez y, aunque parece estar ausente de todo, pronto le está gritando «quiero que seas mi esposa» a una delicada joven rusa (Emily Watson muy en papel y, por una vez, la equilibrada de la película) que pasa allí sus vacaciones. Es decir a una perfecta desconocida.

Es que el Alexander adulto no se diferencia de ese niño cuyos traumas se encargan de explicar los continuos flashbacks a una desdichada infancia en San Petersburgo. Natalia, por su parte, padece el acoso de su aristocrática madre (estupenda Geraldine James) quien incansablemente le busca novio entre lo mejor de la oferta masculina que pueda haber en los alrededores. Pero, por alguna razón del corazón que no queda a la vista del espectador, ella acepta la asombrosa propuesta de Alexander.

Ambientación

La cuidadísima ambientación años '20 (lejos quedó el aire independiente y levemente desprolijo de «Las memorias de Antonia) y los toques de comedia que abundan en la primera parte, con Alexander pretendiendo normalidad frente a la madre de su novia, son lo mejor de un film que inesperadamente vira hacia el melodrama.

Cuando aparece el ex mentor de
Alexander ( Stuart Wilson sobreactúa sin freno a este villa-no con la venia de la directora), la atmósfera se pone innecesariamente densa, mientras las excentricidades del protagonista se precipitan directamente hacia la locura resintiendo la de por sí frágil verosimilitud del persona-je de Turturro. El guión, además, pide que, poco a poco, sobre la imagen de Luzhin se vaya superponiendo la de Bobby Fischer en un ¿homenaje? cuanto menos caprichoso.

Para quienes no se apasionan por el ajedrez, cabe agregar que entre la comedia y el drama, la inquieta cámara de
Marleen Gorris se las arregla para que las innumerables partidas se incorporen con naturalidad a las acciones y hasta resulten interesantes.

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