El arte como lugar de los permisos para transgredir

Espectáculos

Diana Aisenberg supo unir con sabiduría su experiencia artística y los conocimientos de una docente que recurre a la literatura, la filosofía, la arquitectura y todas las materias que retroalimentan el arte.

¿Qué hacer para que las exposiciones de arte no caigan en el olvido luego del vernissage? Las galerías saben que para convocar al público y activar sus muestras, deben presentar propuestas y cursar invitaciones movilizadoras. Pocos días antes de que culminara el 2019, la galería Aldo de Sousa alcanzó la convocatoria récord con la muestra “Economía de cristal en los tiempos del toroide” de Diana Aisenberg, artista y docente que exhibe sus obras durante todo el verano. Aisenberg convocó a 287 alumnos y exalumnos que, desde la década del 80, pasaron por sus clínicas, talleres y seminarios, y les entregó una credencial, un carnet con la fotografía y los datos que acreditan su participación. Allí, en una sola tarde, más de 100 personas fueron a buscar sus carnets. En la extensa lista de discípulos que pueblan la escena del arte se cruzaron varias celebridades con algunos coleccionistas y operadores culturales.

Tan ajena a los criterios academicistas de las universidades estatales y privadas como a las tendencias dominantes que circulan como lingua franca por el mundo, Aisenberg supo unir con sabiduría su experiencia artística y los conocimientos de una docente que recurre a la literatura, la filosofía, la arquitectura y todas las materias que retroalimentan el arte. Así forjó un método personal, que funciona y que plasmó en un libro de gran circulación.

¿Qué implica ser artista? Le preguntamos a Aisenberg, y su respuesta es significativa: “El arte es el lugar de los permisos. Ser artista es vivir en ese lugar donde hay permiso para transgredir, para la rebeldía, para la diferencia, para revelar secretos, para hacer públicas las intimidades, para decir yo. Permisos que se pueden tomar pero que no son gratis: el trabajo de acceder a esos permisos que el arte habilita es el trabajo del artista. El artista es el que responde en lenguaje verbal o no verbal a las preguntas que están en el aire, el que dona contenido como se dona sangre, es un donante de contenido al universo, a la construcción histórica, a la historia de las ideas y de las prácticas. Ser artista es trabajar sin que te pidan, responder a las urgencias. Las cosas que hace el artista son indispensables, necesarias no sabemos bien para qué, pero sí para la subsistencia, para la permanencia. La producción del artista es tan necesaria para el artista y para la sociedad como el alimento. Ser artista es una responsabilidad porque cubre el espacio social de lo no dicho, lo no pautado, lo desconocido, lo impensado, lo que puede venir”.

Daniel Abate, galerista durante años de Aisenberg observa: “Es un personaje ineludible para los artistas desde hace décadas y hasta hoy. Una de las cuestiones que destacan los jóvenes es la modalidad de su trabajo, la construcción colectiva, porque los ayuda a definir qué es ser artista”.

La muestra actual deriva de la “Economía de Cristal”, un proyecto colectivo de la artista que surgió hace unos años y consiste en reunir piezas de bijoux. Con este “tesoro” de fábula que, originalmente perteneció a muchísimas personas, la artista se dedica a enhebrar historias con sus discípulos, centenares de líneas de bijoux que miden entre uno y dos metros.

La recolección comienza con un pedido de donación de toda pieza rota o en desuso. Hoy, la demanda continúa y el proyecto crece, hay centros de recolección en talleres de artistas de todo el mundo e innumerables personas enhebran las piezas. Aisenberg explica: “La obra nace como un vínculo afectivo y se concreta en el encuentro con el otro, es una comunidad en sí misma”. Las cataratas de joyas se divisan en la muestra desde la vereda, y representan los toroides, “cuerpos en movimiento permanente, geometría con vida. El toroide es a esta época lo que el espiral dorado fue al renacimiento. Todo cuerpo puede ser el eje de un toroide. Otro cielo sin arriba o abajo”, concluye la artista.

El elemento esencial del toroide es la energía que fluye de los grupos reunidos con un fin común, la dinámica que se establece cuando las personas comienzan a entregar cosas y a enhebrarlas para configurar una nueva obra. Así dan un paso adelante en la carrera del arte.

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