4 de julio 2006 - 00:00
El arte encontró refugio original y transitorio
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Dos imágenes de la buena instalación de Vilma Villaverde,
con figuras hechas de barro y piezas de sanitarios.
Otra de las habitaciones que poco tiene que ver con el albergue transitorio es «Muxicatar», pues presenta bellos óleos de cuerpos desnudos, con luz dicroica y blanco predominante. Bien podrían exhibirse en una galería de arte o centro cultural. Lo mejor de la muestra son aquellas instalaciones que invitan a imaginar la historia allí transcurrida, como la de Marcelo De la Fuente, con un homenaje al film asiático gore «Oldboy».
Ese cuarto es una suerte de escena del crimen, con palabras en coreano escritas en rojo sangre sobre las paredes, mampara y sábanas. Hay fotos de sadomasoquismo y se explica que todo lo que allí se muestra ocurrió realmente en ese lugar. Sugestiva la de Román Vitali, con la cama partida al medio y una flor, como si alguien hubiera muerto en medio del acto sexual. La pastilla roja sobre la mesita de luz fue descripta por varios como viagra.
Estas dos disparan la imaginación aunque cada quien se inspira con algo diferente; por caso, varios celebraban los típicos y burdos maniquíes de mujeresdesnudas o contemplaban los groseros recipientes con prótesis peneanas de todo tipo y color. Cada cual se regocija con lo que puede.
Otra buena instalación, por sus obras más que por su inventiva, es la de Vilma Villaverde, con figuras hechas de barro y piezas de sanitarios. Así, un corsé se arma a partir de una bacha o una barriga se construye con un mingitorio. Hay algunas simples, como la de Daniel Goglar, que colgó tazas con varitas de madera o los hombrecitos de plomo suspendidos en el aire de Billy Waller. «Pensé que aprovecharían más el contexto pero lo desperdiciaron» se quejaba una de las visitantes mientras buscaba la salida.
Otra mujer madura, en cambio, suspiraba fascinada y repetía «Mmm, me encanta, me encanta». Estaba cerca del tablero de la recepción, que también fue intervenido, y cuando se le preguntaba qué era lo que le gustaba tanto confesó: «Nunca fui a un hotel alojamiento, es mi primera vez».
Hay algunas habitaciones desagradables y nauseabundas como la llamada «suite hemorroidal», con una horrenda fotografía colgada sobre el cabezal de la cama que alude al título. Completan la alegoría los calzones y sábanas manchadas, pomada antihemorroidal, jeringas y papel higiénico. «Ya no saben qué inventar, viste que cosa desagradable» decía un padre arrepentido de haber llevado a su hija.
Varios apelaron al olfato, como la habitación «Pink», con aroma fuerte y dulce a chicle globo, ambientada con estilo pop. También Nicola Constantino buscó los olores y convirtió la pieza en una suerte de cucha para perros que huele a alimento balanceado.
El paseo de los visitantes resulta otra muestra en sí misma. Se oyen todo tipo de comentarios como «Esto parece Disney World, como el trencito que te lleva por el mundo del terror, el mundo luminoso y pacifista». También hay varios que miran aterrorizados desde la puerta y no se animan a ingresar. La muestra puede visitarse hasta el 16 de julio, de lunes a lunes de 11 a 20. Luego comenzará la construcción del edificio que convertirá al arte transitorio en recuerdo. Sea para aquellos que pasaron por sus habitaciones como agradecidos clientes, o simplemente para apreciar una muestra de arte.



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