4 de agosto 2003 - 00:00
"El Colón debería abrirse a directores de otros campos"
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Entre otras cosas aborda su trágica pasión por el joven conde de Essex, al que luego mandó decapitar por traidor. El texto fue estrenado con gran éxito en mayo de 2001, en el Festival Covern Garden de Londres.
Periodista: ¿Qué rasgo del personaje le interesó subrayar?
Alejandro Ullúa: Lo que más me interesó del personaje de Isabel es la gran responsabilidad con que asumió el poder anteponiéndolo a los intereses de su vida privada. Le debe haber dolido no tener hijos o un compañero que la proteja. Además ella sobrevivió a todos sus contemporáneos y soportó las presiones de una nueva generación que asediaba el poder. Lo atractivo de este retrato es que le autora se inspiró entre otras cosas en un texto que escribió un embajador francés de Enrique IV, que vio en ella a una mujer muy seductora.
P.: ¿Qué dice el texto?
A.U.: Cuenta que ella lo recibió vestida con una bata lujosísima que le permitía mostrar sus pechos e insinuarse. Algo muy sorprendente en una mujer casi anciana. Ella estaba obsesionada por su supuesta belleza -nunca la tuvoy se esmeraba muchísimo en su arreglo personal. Me encantó ese rasgo de sensualidad así como sus estallidos de pasión. Ella, una mujer tan controlada y autoritaria, de pronto se deja llevar por la pasión amorosa delante de todo el mundo. Son dos caras muy interesantes para contraponer. Es un personaje codiciado por todas las actrices lo han hecho las más grandes intérpretes de la historia desde Sara Bernhard y Bette Davis a Kate Blanchet, Glenda Jackson y Judi Dench. Ni que hablar que una actriz con la fuerza temperamental de María Comesaña está estupenda en el personaje.
P.: ¿En qué se diferencia su versión del original?
A.U.: La autora me dio cartablanca para que montara la obra como yo quisiera, sólo supervisó el texto en español a través de un amigo suyo, un cantante lírico venezolano, al que le fascinó la traducción que hizo Mario Ceretti. La puesta que dirigió Susannah Waters incluyó un conjunto de 4 ó 5 músicos dedicados al barroco, pero en Buenos Aires es imposible conseguirlos, al menos para un proyecto independiente. Así que tuve que utilizar un laud de la época y ponerlo en una banda grabada. Para darle mayor teatralidad incluí la figura de un bailarín que por momentos baila con ella y en otros funciona como un espectro ligado a la muerte al igual que el contratenor. Quise que esas dos figuras se mantuvieran en un plano irreal.
A.U.: El Colón se ha transformado en un lugar tan elevado e inaccesible, que ya se lo considera una especie de templo. No creo que eso sea bueno para la actividad artística. Para mí uno de los grandes inconvenientes del Colón es que sus directores artísticos no ven teatro, cuando en otros lugares del mundo la mayoría de los regisseurs vienen de ese campo. Recién ahora se le está dando cabida, muy tímidamente a algunos directores argentinos. A mí me pasó que le pedí a Gabriel Senanes una entrevista y me dijo que no había visto nada de lo que yo hice. Eso ya da un dato. Yo creo que sería bueno que el director artístico del Colón fuera a ver las puestas de Roberto Villanueva, Augusto Fernandes, El Periférico de objetos, Ricardo Bartís o tantos otros excelentes artistas. Ya sé que el Colón no está solamente dedicado a la lírica, pero tiene la obligación de abrir un poco más el camino en el terreno operístico. En otras partes del mundo es muy común que los directores teatrales e incluso los cineastas monten ópera. Acá, en cambio todo se maneja en compartimentos cerrados. No digo estas cosas con ánimo de molestar, sino de que se investiguen determinados títulos que están como fosilizados desde otras miradas. Todavía hay muchas zonas para descubrir.
Entrevista de Patricia Espinosa


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