«Fidelio" ópera de Ludwig van Beethoven. Con P. Frey, N. Secunde, H. Iturralde, M. Lombardero, A. Cazes, M. Philibert, R. Martínez, R. González Dorego y S. De Filippi. Régie, esc. e ilum.: R. Oswald. Vest.: A. Lápiz. Dir. Coro: A. Balzanelli. Coro y Orquesta Estable del Teatro Colón. Dir.: F.P. Decker. (23/9, Teatro Colón).
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El eterno dilema de la fidelidad conyugal, complicado con el autoritarismo, las venganzas de los poderosos y la justicia llegando a los honestos, son los trascendentes temas elegidos por Beethoven para su ópera «Fidelio» , que subió a escena el martes en el Colón con gran respeto y dignidad.
La temperamental música de Beethoven no carente de momentos de ternura, es el rasgo sobresaliente en esta versión. La experimentada batuta de Franz-Paul Decker consiguió una respuesta entusiasta de los músicos de la Estable, equilibrio sonoro y expresivo, potente presencia y mínimas fallas. En la «Leonora N° 3» están magistrales; así como el ensamble con el Coro sólidamente preparado.
Los tres rubros escénicos son asumidos por Roberto Oswald; su planta escenográfica es monumental pero no minimiza a los personajes, con la iluminación logra el clima lóbrego y depresivo de la prisión (recuérdese que Leonora se traviste de hombre para ingresar en la cárcel donde está preso su marido Florestán y, en el transcurso de la ópera, logra liberarlo), en contraste con los momentos que alumbran la esperanza y la libertad; la marcación actoral tiene como máximo logro la espontaneidad y naturalidad de los personajes, aún en las situaciones más incómodas. El vestuario de Aníbal Lápiz está dentro de la línea atemporal de la propuesta, con colores engamados, y muy original los uniformes de un ejército imaginario.
A la soprano Nadine Secunde la encontramos un tanto disminuida en su potencial vocal, por timidez o alguna otra razón, no impresionó tan bien como cuando hizo « Isolda» en el mismo escenario. Con todo, hizo su Leonora correctamente pero sin entu siasmar. Florestán es asumido con convicción y voz caudalosa por el tenor Paul Frey, de hecho, la representación se vigoriza desde su primer aparición en el segundo acto. Marcelo Lombardero hace un Pizarro despótico y maquiavélico en lo actoral y es muy satisfactorio cantando, lo mismo que Hernán Iturralde. Conmovedora la composición del carcelero Rocco que logra Ariel Cazes, y su canto es comunicativo. Mónica Philibert como Marcelina está impecable vocal y actoralmente; es notable la evolución del tenor Rubén Martínez como Jaquino. Acertada, aunque breve, la intervenciónde Ricardo González Dorrego y Sebastiano De Filippi. En resumen, no es una versión que pasará a la historia, pero se deja ver y musicalmente, como dijimos, es atractiva.
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