12 de agosto 2002 - 00:00

El cuerpo, elemento clave en una muestra

Gato Barbieri por D’Amico
Gato Barbieri por D’Amico
Con los recortes de rigor en tiempos de crisis, a principios de agosto se inauguró en el Centro Cultural Recoleta «El Festival de la Luz». Se abre así un nuevo ciclo de múltiples eventos y exposiciones dedicado a la técnica que desde mediados del siglo XIX hasta hoy, continúa en permanente evolución y es utilizada cada vez más como expresión artística. «Entre el mar y el cielo», tema convocante este año, es tan abarcativo que permite incluir desde un homenaje a Alicia D'Amico, pasando por conferencias, intervenciones urbanas y portfolios, hasta un total de 170 exhibiciones de centenares de artistas noveles y consagrados, argentinos y extranjeros.

Hasta su clausura, a fines de setiembre en la ciudad de Ushuaia, esta doceava edición de «encuentros abiertos» en galerías y museos de todo el país, permitirá explorar y cotejar el amplio panorama de procedimientos, estilos y niveles de calidad vigentes. La muestra «madre» ocupa casi la totalidad de las salas del Recoleta y se inicia con «Solitude», del estadounidense Peter Merts, quien con sus paisajes en blanco y negro crea un contrapunto entre la naturaleza y los restos abandonados por el hombre: desechos industriales, fragmentos arquitectónicos o sencillamente maderas y alambrados. En todos los casos (y en esto reside la gracia de las tomas), Merts, con un oficio impecable le otorga a los residuos el mismo tratamiento que le podría brindar a nobles formas escultóricas que se integran a la majestuosidad del paisaje.

El argentino residente en México, Gerardo Suter, conjuga la fotografía digitalizada y un sugestivo video en la interesante muestra «Skin, el cuerpo fragmentado».

Tema frecuente hasta el abuso en el arte contemporáneo, el cuerpo es motivo recurrente en estas exhibiciones y compite con el paisaje, que predomina entre los artistas del interior. Como las interesantes tomas desde un punto de vista elevado del jujeño Cesar Ruiz, o las de un bosque casi surrealista de Alberto Cortés, artista de Río Negro que al igual que el resto de los provincianos, exceptuando algunos cordobeses que presentan copias de gran formato, demuestra lo mucho que se puede hacer con muy poco. Es decir, careciendo del despliegue tecnológico que posibilita en la actualidad lograr efectos de gran impacto visual.

En este sentido, «Motif (S)», serie de imágenes de casas de alta costura, lleva la delantera con las enormes facilidades que brinda el dinero aplicado sin límite a fotografías cuyo destino es seducir y vender. El mundo de fantasía de la moda está plasmado en la foto de Bernard Benant para Givenchy, un auténtico sortilegio. En un escenario metafísico, una modelo desnuda usa un látigo a modo de varita mágica y mantiene frente a sí un vestido flotando en el espacio. Son notables las concesiones al kitsch y el sacrificio de la elegancia en colores almodovarianos y una estética apropiada del Pop. También es notable la influencia de las imágenes artísticas en la moda, evidente en la toma de Laurent Bochet donde la modelo luce el encaje diseñado por Thierry Mugler incrustado bajo la piel y las perlas brotando como relucientes protuberancias de su espalda. Variaciones, en suma, de las fotos digitalizadas que los artistas Danielle Buetti o Aziz + Cucher presentaron al promediar la década del '90.

• Moda

A la inversa, la fotógrafa Vanessa Beecroft que presenta la Fundación Proa, muestra el universo de la moda como tema y problema de sus imágenes glamorosas. Con un planteo también estetizante, las curadoras Elda Harrington y Pelusa Borthwick montaron las obras de Diego Ranea, bellas imágenes monocromáticas del mar en riguroso formato cuadrangular que transmiten la sensación de vacío representativa de la época. Sucede que la fotografía, desde las tomas documentales hasta las artísticas, están destinadas a mostrar el espíritu de la época, a reflejar quiénes somos y sobre todo, cómo miramos el mundo.

Desde una posición extrema y en todo caso arriesgada, el escritor británico
John Berger relaciona el ocaso de las religiones a la simultánea aparición de la fotografía y llega a cuestionarse: «¿Ha pasado la cámara a sustituir el ojo de Dios?». La aventurada pregunta está fundada en la actual sustitución de la memoria (facultad que permite «fijar» en el pensamiento las apariencias de la realidad) por la fotografía (instrumento que contribuye a mantener viva la memoria). Y para Berger, el ejercicio de la memoria implica un acto de redención. «Lo que se recuerda ha sido salvado de la nada», concluye.

Con este concepto, la muestra
«Liquid City» del canadiense Frank Rodick adquiere un nuevo sentido: las fotos borroneadas al punto de que el hombre urbano pierde toda identidad, bien pueden verse como metáforas del olvido.

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