11 de mayo 2000 - 00:00

"EL ENGAÑO"

L os primeros minutos de «El engaño» prometen un buen film de suspenso: dos viejos amigos se reencuentran después de mucho tiempo, uno de ellos abusa del alcohol y termina con una menor de edad que lo acusa de violación secuestrada en el sótano de su mansión. A partir de este momento, la película retrocede varios meses atrás en el tiempo en un largo racconto que detiene completamente la tensión, para relatar los acontecimientos que llevaron a esa situación incial.
Desde ahí hay que esperar un poco más de media hora para que el joven director Mike Barker vuelva a conseguir el clima de suspenso que necesita un thriller. Por momentos la película sigue prometiendo: el cuidado de cada imagen, la dramática música incidental y una atractiva banda sonora llena de temas de moda (incluyendo Massive Attack y Neneh Cherry) y el buen desempeño del trío protagónico ( Alessandro Nivola, Reese Whiterspoon y Josh Brolin) ayudan a que la lenta telaraña argumental se vea con más interés del que merecería. Porque lo que llama la atención de «El engaño» es que un asunto que nunca termina por levantar vuelo más allá del nivel de un telefilm haya merecido una cui-dada producción a cargo de la división de cine independiente de la Fox. Como el argumento se guarda muchas sorpresas, no sería de buen gusto revelarlo demasiado, pero basta con describirlo como un policial de jóvenes honestos que al pasar por un mal momento se enfrentan a la posibilidad de delinquir, o al menos cometer actos que usualmente rechazarían.
Al final, ni las sorpresas re-sultan tan sorprendentes, ni tampoco el film ofrece la suficiente intensidad en escenas de acción, erotismo o suspenso como lo que se podría haber pensado al ver su prometedor prólogo. Para colmo, al final el director ni siquiera terminó de potenciar el clima de policial negro de varias de las mejores escenas del film, prefiriendo un desenlace rosa, más digno de un melodrama romántico juvenil que de un auténtico thriller. De cualquier modo el conjunto no es tan ineficaz como para que no se deje ver, sólo que es el tipo de material con el que el público suele ser mucho más indulgente durante una sesión de zapping en la TV por cable.

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