Sandro canta cada vez menos. En las más de dos horas de «El hombre de la rosa» interpreta apenas 16 canciones. El resto, lo invierte en charlar con sus «chicas», contar algunos chistes picantes, sortearse a sí mismo en una ruleta digna de programa televisivo sabatino y homenajear a presentes y ausentes (la noche del debut porteño fueron para Martha González y «Pipo» Mancera, que estaban en la sala, y para «Lolita» Torres).
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Pero, esta vez, los actores Matías Santoiani y Juan José Camero están en escena casi más tiempo que él desarrollando una pequeña historia, llena de buenas intenciones, consejos y aforismos que sirven para dar paso a las canciones y, a la vez, para darle tiempo a recuperar el aire al protagonista que, por sus problemas pulmonares, volvió a adosar al micrófono un dispositivo que le proporciona una dosis extra de oxígeno.
A pedido de Sandro -que pasa del imponente capote negro del principio al smoking y, finalmente, a la infaltable bata roja-, las fans dejan de lado sus habituales desbordes «eróticos», para soportar con respeto los inserts teatrales. Aunque queda bien claro que ellas van a ver, más que a escuchar, al legendario ídolo que las enloquece sólo con su presencia y luego con sus cada vez menos pronunciados meneos de pelvis. Ninguna se enoja porque al espectáculo le falte clima, producto justamente de las interrupciones constantes y de la falta de continuidad entre canción y canción.
Tampoco les importa que en el breve repertorio falten algunos clásicos reemplazados por otras canciones menos habituales, como «El día que me quieras» u «Honrar la vida». Y, por supuesto, nadie repara en la orquesta numerosa y profesional que no resistiría el menor análisis estético. El eje está en Sandro, que permanece durante todo el tiempo sobre el escenario, aunque buena parte lo pase a oscuras esperando su turno.
Más allá de todo esto, su voz está pasando por un momento excelente y sigue siendo estupendo como intérprete. Por caso, sus versiones de «Penumbras», «Porque yo te amo», «Me amas y me dejas», «Así» o «Tengo» siguen estando en el mejor nivel. El tiempo ha pasado, y el artista, más allá del personaje, resiste entero el paso de los años.
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