28 de octubre 2008 - 00:00
El gran arquitecto suizo Mario Botta visita el país
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Reciclaje de la Scala de Milán, proyecto que Mario Botta exhibirá
en la próxima Bienal de Arquitectura de Buenos Aires en
septiembre de 2009, junto a otras importantes obras.
Botta vivió su infancia y su adolescencia en Mendrisio, donde nació, y Genestrerio, al Sur del Tesino, una zona fronteriza con Italia, que empieza en el Lago de Lugano y presenta una faja central llana -en la cual se levantan esas dos poblaciones-, escoltada por montañas al Oeste y al Este. Su obra crece, por lo tanto, en un medio urbano de escala reducida, mediatizado por la Naturaleza gigantesca. De ahí su interés por «recuperar la idea del habitar, que era un modo de ligarse a la tierra, a la comunidad».
Su preocupación con el contexto histórico y ambiental, están también presentes en sus proyectos de gran escala urbana. Su célebre apotegma urbano es: «En nuestros días sólo caben dos posibilidades: construir para la ciudad o contra ella». Así fue como recicló el Teatro Scala de Milán en 912 días de 2002 a 2005.
Entre sus numerosas obras queremos destacar algunos de sus museos, sobre los que sostuvo: «Creo que los museos de hoy son como las catedrales de ayer: son lugares para la comunicación, donde podemos ver obras de arte con la intención de asimilar e interpretarlos mensajes que ellas nos envían». En 1995 se completó el primero, el Museo de Arte Contemporáneo de San Francisco, que opone a la variedad circundante, un frente sólido con la típica fachada de ladrillos, y la dinamiza con la clara distribución de los espacios internos. Todos ellos vinculados a una cavidad central coronada por una lucarna cilíndrica truncada, que emerge de la cubierta y distingue el edificio.
Diseñó también el museo del escultor Jean Tinguely, situado sobre el Rhin y rodeado de los ancestrales pinos del parque Solitude, en Basilea. El Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Rovereto en Trento, Italia, se caracteriza por una amplia plaza con forma circular que se convierte en el corazón del complejo y conecta con el espacio público, la cafetería, el restaurante y la librería. El gran volumen del museo, no se distingue a primera vista porque se encuentra parcialmente bajo el nivel del suelo.
Su diseño de la Galería de Arte Wutari-Um de Tokio ostenta una tapa-fachada, que destaca el edificio sin hacerlo competir con los inmuebles vecinos. Ubicado en un punto alto con respecto a otras obras de la zona, el Museo de Arte de Seúl se convierte en un hito que representa la nueva urbanización propuesta por la Fundación Samsung, a la que se suma la rica connotación simbólica de los árboles en la parte superior del techo (un leit motiv que utiliza Botta en muchas de sus obras).
Su Casa de la Cultura «André-Malraux», de Chambéry, Francia, consistió en reacondicionar un antiguo edificio napoleónico de forma cuadrada -un vasto patio de armas ceñido por cuatro galerías- y en erigir una sala de 900 asientos. Botta proyectó para el teatro un cuerpo semicircular, adosándolo, girado, a uno de los frentes del cuartel. La continuidad que estableció entre ambos volúmenes geométricos -el patio del cuartel que sirvió de atrio y una de las galerías por la que se accede a la sala y demás ámbitos del teatro- diluye las diferencias arquitectónicas y valoriza, ordenándola, la confusa trama urbana del lugar.
En el anexo a la vivienda del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921-1990), diseñó un centro cultural en el que planteó un espacio central de exposición en diálogo con el entorno natural.
En cuanto a otras tipologías, el edificio de oficinas de la Torre Kyoto, en Seúl, Corea del Sur, define el diseño completo del espacio interior cuya concepción arquitectónica permite un máximo de flexibilidad en la organización de los espacios. Se destacan las fachadas con paneles de ladrillos rojos que cubren la estructura de acero reforzada con concreto.
El Banco del Gotardo, de Lugano, supuso también una variación en la tipología y, a la vez, un nuevo modo de articular las dimensiones y formas urbanas. Botta abandonó en ella la neutralidad por considerar que se habían terminado las construcciones bancarias como refugios materiales.
La sede de la Unión de Bancos Suizos, en Basilea, es semicircular y así consolidó la gran arteria donde se construyó, y al mismo tiempo, sirve como pórtico de acceso.
Entre los trabajos vinculados a lo religioso construyó la iglesia Papa Juan XIII, en Seriate una pequeña ciudad al sur de Bérgamo en el norte de Italia; y la iglesia Santo Volto en Turín, una de sus últimas obras, cuyo plano heptagonal está rodeado por siete torres conectadas a los cuerpos más bajos de las capillas.
La larga trayectoria de Botta en esta tipología se remonta al 25 de abril de 1986, cuando una avalancha de nieve y lodo redujo a escombros una parte de la aldea de Mogno, en el vallede Maggia, al Oeste del cantón de Tesino. El violento alud derribó, entre otras, la pequeña iglesia del lugar, que databa del siglo XVII, y su alto campanario, erigido en el XVIII. Cuatro meses más tarde, convocado por un grupo de vecinos que llevaban adelante la campaña de reconstrucción del templo, visitó Mogno, porque la comisión de vecinos quería que diseñara la nueva iglesia. «Acepté ocuparme de este proyecto con entusiasmo y con emoción», escribió Botta. «Me hizo redescubrir la alegría de ser arquitecto, el placer de obrar, de remodelar el espacio de la vida humana, en la eterna confrontación con las fuerzas de la Naturaleza. Por un instante, sentí toda la virtud positiva que encierra esta simple palabra: construir».




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