«El círculo perfecto» (Bosnia, 1997, habl. en bosnio) Dir.: A. Kenovic; Guión: A. Kenovic, A. Sidran, P. Zalica; Int.: M. Nadarevic, A. Leleta, A. Podgorica, Z. Muzaferija, M. Avram.
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Bosnia-Herzegovina, Francia, Croacia, Bulgaria, Alemania, todos esos países, y algún otro que se nos escapa, se unieron para hacer este film. Unos pusieron el dinero y el público. Otros, la angustia y los muertos. Puede discutirse largamente -y puede sospecharse aun más largamente-el alcance moral de esa especie de voyeurismo piadoso que los espectadores occidentales venimos mostrando respecto de las penurias de los europeos orientales, y también el nivel de compromiso de los realizadores orientales para con su propia gente. Pero al menos esta obra resulta sincera.
Narrada en forma precisa, y concisa, evita todo lo posible los subrayados efectistas, los juegos formales, y los acompañamientos melodramáticos. Lo que no puede, lógicamente, es inventar un final feliz. «El círculo perfecto» habla de una guerra concreta, y de personas concretas. Sólo las razones de esa guerra, y el rostro de los asesinos siguen siendo inasibles. Dos niños despiertan bajo el fragor de las bombas. Ellos duermen vestidos, quién sabe desde cuándo. Rápidamente contemplan un perro atado, un vecino muerto, una vaca esperando. Ellos no esperan.
En la ciudad todavía queda una parienta. Pero en la ciudad ya casi no queda nada en pie. Encuentran refugio y comprensión en el departamento de un hombre cuya esposa e hija acaban de marcharse, junto a muchos otros desesperados, en colectivos repletos. Vida cotidiana en la ciudad. Falta la luz, y el agua hay que buscarla en otro barrio, esquivando a los francotiradores. La gente camina apresurada, y más de uno anda en muletas, sin una pierna. Pero todavía hay quienes se niegan a irse, por terquedad o fatalismo, quienes gastan tiempo y vendas en curar un perro callejero, quienes aman sus cuatro paredes viejas, el árbol que aún sigue en pie, su lengua que va siendo avasallada... «¿Estará contento el tirador?», se pregunta un niño, ante el dolor del pobre perro. Una pregunta tan inocente -e incisiva-como la que habrá de hacerse más tarde, al ver que el personal de la ONU y las embajadas tienen luz, agua, y están de festejo navideño. Preguntas casi sin entonación, y sin respuesta.
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