Presentación de «Rey sol». Fito Páez (voz, teclado, guitarra, percusión). Con G. Vadalá (bajo), C. Cardone (teclados), G. Arolas (teclados, guitarras, coros), N. Ibarburu (guitarras), M. Ibarburu (batería), A. Alvarez de Toledo (coros), J. Larrinaga (saxo, flauta), C. Huerta (trompeta) y A. Alisarde (trombón). (Estadio Obras, 1 y 2/ 12.)
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(5-12-00) El Fito Páez de los últimos tiempos navega entre dos aguas: el más denso y oscuro, y el más liviano, alegre y luminoso. Cada vez más, personaliza sus canciones, sus discos y sus shows; y su estado de ánimo se traslada casi literalmente sin que medien filtros artísticos. Le canta a cada una de las cosas que le pasan: su romance con la actriz Cecilia Roth, su hijo, y también a sus desgracias y a sus broncas.
Pero los resultados estéticos no siempre son los mismos. El Páez más enojado termina siendo mucho más interesante. Lo fue, por ejemplo, en discos como «Ciudad de pobres corazones» o «Ey», o en el más cercano «Abre». Y se acercó a un pop más banal, con letras menos trascendentes, en su exitoso «El amor después del amor». «Rey sol», su último disco, fluctúa entre estos dos caminos y eso también quedó reflejado en los shows de presentación.
Al lado de viejos y muy buenos temas u otros recién estrenados e igualmente intensos («Acerca del niño proletario» o «Paranoica fierita suite» son, probablemente, lo mejor de su nuevo disco), aparecen títulos como «Rey sol», dedicado a su hijo, que traen al Páez mucho menos recordable. Esa fluctuación no se da exclusivamente en las letras, sino también en el sonido, siempre eficiente con una banda muy profesional que tiene algunos solistas brillantes (los mellizos Ibarburu, el bajista Vadalá, el tecladista Cardone, la cuerda de metales).
Por un lado, Páez busca timbres más crudos, de guitarras distorsionadas y rítmica más rockera; por otro, se acerca al pop, aliviana los arreglos, dulcifica el total con los bronces y los teclados, y se queda en el nivel de «entretenimiento». Charly García estuvo como invitado aunque llegó a Obras con algún retraso.
Debía compartir con Fito Páez una muy buena versión de su tema «Cerca de la revolución»; en cambio, se sumó en el final con «Ciudad de pobres corazones». Apenas tocó un teclado y balbuceó algún texto, pero igualmente logró levantar algo una temperatura que nunca llegó a ser muy alta.
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