6 de febrero 2007 - 00:00

El Pinti de siempre, para un público fiel

En «Pingo argentino», Enrique Pinti enfatizasus críticas a la dirigencia política, conmomentos logrados y otros en los que, aquienes no son fans, los satura con sus cataratasde insultos.
En «Pingo argentino», Enrique Pinti enfatiza sus críticas a la dirigencia política, con momentos logrados y otros en los que, a quienes no son fans, los satura con sus cataratas de insultos.
«Pingo argentino» de E. Pinti. Int.: E. Pinti, D. Hodara y M. Moumdjian y elenco. Dir. Gral. y Coreog.: R. Pashkus.Esc.: O. Puppo. Vest.: R. Schussheim. Mús. Orig. y Arreg.: J. Vat. Ilum.: O. Possemato. (Teatro Maipo.)


No es ninguna novedad que Enrique Pinti tiene la habilidad de convertir el escenario en una tribuna pública que le permite arremeter contra los vicios, «pecados» y torpezas de los argentinos. Ya en sus espectáculos anteriores «Salsa criolla», «Pericón.com.ar» y «Candombe nacional» repasó la historia nacional a través de sencillos sketchs, en los que se proponía, además, prevenir a los espectadores contra los manejos de nuestros gobernantes.

En «Pingo argentino», Pinti pone un especial énfasis en políticos y dirigentes. Se enoja con Néstor Kirschner («Es un autoritario que se pelea con todo el mundo, hasta con los uruguayos, que hasta ahora eran los únicos que no vomitaban al vernos»); con la primera dama («pensar que Reina Cristina era una marca de medias»); con los radicales («son cuatro y encima se dividen»); con el menemismo y «todas esas rubias que se iban a Miami a comprar tres pelapapas porque piensan que lo de afuera es mejor», con otros políticos («Lilita Carrió está loca»), etcétera.

Debido al éxito de «Los productores», hacía dos años que no se encontraba con su público; pero el Pinti que regresa ahora, vestido de jockey y con un caballo descoyuntado como símbolo de nuestro país, sigue siendo el mismo de siempre: verborrágico y pasional, y con una clara vocación didáctica, pese a su lenguaje procaz. No por nada, uno de sus mejores números es aquel en el que analiza, puntero en mano, el cerebro de los argentinos. Pinti cumple con eficacia el rol que él mismo se arrogó de «tábano social» empeñado en despertar la ética ciudadana, en explicarles a sus compatriotas cómo deberían ser y en revisar algunas costumbres (las despedidas de soltero, el fanatismo futbolero) y otros hábitos como la masturbación, a la que considera el mejor tranquilizante.

Su público festeja con risas y aplausos todas sus intervenciones, pero satura la catarata de insultos y guarangadas que lanza gratuitamente (y no sólo para enfatizar sus acusaciones y denuncias). Es cierto que se trata de un espectáculo de alcance popular y en temporada veraniega, pero quien no es muy fan extraña la capacidad argumentativa de un Tato Bores. Pinti en cierto modo lo homenajea cuando narra un sueño en el que se entrecruzan políticos y farándula. Sólo en «Pingo argentino», Enrique Pinti enfatiza sus críticas a la dirigencia política, con momentos logrados y otros en los que, a quienes no son fans, los satura con sus cataratas de insultos. que en este caso se trata de una velada crítica a la revista «Gente», en la que el cómico cuestiona la estatura moral de algunos «Personajes del año» reunidos en su portada de diciembre.

Tampoco falta el desfile de próceres de nuestra historia, a través de una parodia al programa de Felipe Piña y Mario Pergolini.

Misteriosamente, no hay ninguna alusión al conflicto de las papeleras (que no sea aquella de las peleas del Presidente), ni a la tragedia de Cromagnon. Pinti prefiere abordar nuestra actualidad presentando como abominables vedettes a: la globalización, la impunidad, la corrupción, la contaminación y la inseguridad. Como era de esperar él mismo se encarga de insultarlas de arriba abajo.

«Pingo argentino» logra un efecto catártico entre el público, que además de las ocurrencias del cómico, disfruta de un show musical, bien coreografiado, en el que se luce todo el elenco.

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