27 de abril 2004 - 00:00

El teatro del país se mostró en Rafaela

Quinotos al Rhum
"Quinotos al Rhum"
Rafaela - Finalizó aquí el domingo la Fiesta Nacional del Teatro, que se realiza cada año en diferentes ciudades del interior. Durante diez días, se presentaron treinta elencos de todo el país con obras de calidad muy dispar, pero excelente respuesta de público proveniente de todo Santa Fe e incluso de Córdoba (la estimación oficial fue de más de 20.000 espectadores). Por caso, la mañana dominical, casi tan sagrada como la siesta, mostraba un movimiento inusual, con largas colas en los cinco teatros afectados a la Fiesta para adquirir las entradas para la noche. Por localidades agotadas, hubo que agregar funciones en siete espectáculos, entre los que se destacaron «La moribunda» (Río Negro), sobre textos de Alejandro Urdapilleta que también tuvo una versión puntana; «Quinotos al Rhum» (Córdoba), de Gonzalo Marull y «Existenciarios» (Neuquen).

El costo de la Fiesta se estimó en 200 mil pesos, de los que el Instituto Nacional del Teatro aportó 90 mil y el resto estuvo a cargo de la municipalidad y la provincia. Los elencos cobraron entre 500 y 1.000 pesos de cachet, dependiendo de la cantidad de integrantes y el balance de público fue muy favorable: 18% de la población se acercó a las salas. La bella y pulcra Rafaela cuenta con 90 mil habitantes y ostenta un crecimiento sostenido que el año último fue 22%, apoyado sobre todo en la industria de autopartes y actividad agropecuaria.

Por la buena logística e infraestructura que ofrece la ciudad, y por insistencia del intendente Omar Perotti se decidió que la Fiesta se realizara en Rafaela y se descartaran las otras opciones (Santiago del Estero y Ushuaia). Perotti -funcionario con ambiciones de gobernar la Provincia-mostró tan llamativo interés por el teatro que sus allegados comentaban «El intendente está poseído. Viaja a Buenos Aires y está más preocupado por la venta de entradas que por otros temas más cruciales».

El año pasado la Fiesta se realizó en Mendoza, y quedó en la historia chica como «la fiesta hecatombe». Es que el reclamo por la restitución de la plena autarquía para el Instituto había precipitado la renuncia del ex director ejecutivo, José María Paolantonio. Actualmente ocupa el cargo el dramaturgo y director Raúl Brambilla y la insistencia por la autarquía sigue estando entre los principales asuntos pendientes del INT. Volviendo a la Fiesta, además de la diversidad de obras, los espectadores se entusiasmaron con la visita de China Zorrilla en calidad de madrina de la muestra, aunque se quedaron con ganas de verla actuar. Algo similar ocurrió con Heber Ludueña, el popular personaje mediático que inventó Luis Rubio para televisión. Los organizadores comentaban que recibieron insistentes llamados solicitando información sobre el show de Ludueña, que el domingo cerró la Fiesta con un unipersonal, a sala llena en el Teatro Belgrano.

Discutible la razón de su presencia en una Fiesta Nacional del Teatro, donde suele destacarse la labor de investigación teatral y el estado del teatro a nivel nacional antes de los personajes mediáticos y sus espectáculos comerciales. Así las cosas, como suele ocurrir con los shows masivos, la convocatoria superó los mil espectadores, no sólo por la entrada gratuita sino por la evidente repercusión de «Ludueña».

Cabe destacar de la programación propiamente dicha, la búsqueda del joven director Gonzalo Marull, que con el grupo Segundo Triunvirato presentó la divertida «Quinotos al Rhum» en la bella sala «La máscara», creada hace siete años como espacio alternativoal Teatro Lasserre, donde prima el teatro clásico y tradicional. El ingenioso libro gira en torno a la compra de tres kilos de helado de los quinotos que dan nombre a la obra y que generan la intoxicación de uno de los personajes. También gustó la obra «La intemperie», de otro joven director, Silvio Lang (La Pampa) que llevó a Buenos Aires la excelente «Tango Nómade» y la poco digerible «Kadish». «La intemperie» está a medio camino de ambas y vale por los excelentes textos de Alejandro Urdapilleta y la prolija puesta en escena.

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