22 de agosto 2001 - 00:00

"El terror ya no me interesa si no hay un buen libro atrás"

Sam Raimi.
Sam Raimi.
Los Angeles - Nadie diría que es un director de películas de terror «hard». O, al menos, que hasta no hace mucho lo fue. Sam Raimi, autor de las dos partes de «Diabólico» («Evil Dead», 1982 y 1987), del film de culto «Darkman» (1990) y de «El ejército de las tinieblas» (1993), cultiva la apariencia amable de un buen gourmet, de modales refinados y hablar pulcro.

Entra rápidamente en la habitación del hotel de Los Angeles donde tuvo lugar la conversación con este diario, sin los habituales lentes negros que emplea para los rodajes, y se presenta a sí mismo con delicadeza y sin afectación, como si ignoráramos con quién vamos a hablar. Antes de preguntar el nombre al periodista, le parece injusto no darse a conocer a sí mismo. Del mismo modo, continúa con otras preguntas de cortesía: «¿Vio la película?».

Se refiere desde luego a «Premonición», el film que está presentando y por el cual se está realizando la nota a tantos kilómetros de distancia. La pregunta no es ni un absurdo ni esa forma poco sutil de recoger una impresión, como lo suelen hacer otros realizadores que, tras formularla, esperan de inmediato o bien el elogio o bien los circunloquios diplomáticos. En su caso, es para entrar directamente en materia.

«Premonición» («The Gift»), el policial con elementos fantásticos que interpretan Cate Blanchet, Keanu Reeves, Hilary Swank, Greg Kinnear y Giovanni Ribisi, que mañana se estrena en la Argentina, se ocupa de la historia de una mujer llamada Annie Wilson (Cate Blanchet), joven y viuda, que educa a sus tres hijos en una ciudad del sur de los EE.UU. (Savanahh, Georgia). Está dotada de poderes paranormales que le permiten predecir el futuro de algunos de sus vecinos.

Sam Raimi: Lo que me atrajo desde el primer momento del guión que escribieron Billy Bob Thornton y Tom Ep-person no es ni el argumento ni sus elementos de suspenso y terror; creo que eso es lo de menos, sino la riqueza y profundidad de sus personajes. Sobre todo, de la manera en que una mujer se tiene que abrir paso, como puede, en un mundo de prejuicios de tal naturaleza que, en algunos casos, puede llegar a la violencia.

Periodista: De alguna forma, usted continúa con esos mundos en los que se había interesado en «Rápida y mortal» y «Un plan simple».

S.R.: Sí, exacto. En «Un plan simple», donde el elemento dominante era la nieve que rodeaba a todos los personajes, el motor era la codicia. Ahora bien, yo encontraría en «Rápida y mortal», el film que protagonizaban Sharon Stone y Gene Hack-man, todavía más elementos en común con «Premonición», porque se valía de un género muy codificado, como el western, para desarrollar una historia de odio y prejuicios. En esta nueva película también hay una recurrencia a un género fuerte, el de terror psicológico, pero para narrar una historia donde el prejuicio es el único villano.

P.: Entonces, ya no es un terror como el que usted cultivaba antes.

S.R.: De ninguna manera. No voy a negar, usted lo ha comprobado, que «Premonición» tiene elementos de film terror, y más de una escena «para saltar en la butaca». Pero si bien existen esos momentos en los que asusto, lo hago porque lo pide el guión, no porque me interese particularmente seguir provocando esos sobresaltos. «Premonición» no es un film que busque explotar el horror por sí mismo, y sé que hay muchos seguidores míos que esperaban que con él yo volviera a los años de «Diabólico». Lamento decepcionarlos pero no es así. Sería una involución si lo hiciera.

Fuerza

P.: ¿Dónde está la fuerza del film?

S.R.: Para mí, lo más interesante del film es la fuerza del prejuicio en ese mundo del sur americano en donde se ambienta la historia, todavía atrasado en muchos sentidos, y la fuerza con la que se tiene que abrir paso esa mujer: primero como madre joven y viuda para educar a sus hijos, después contra ese energúmeno (el personaje de Keanu Reeves) que golpea a su mujer, cliente de ella, y que termina amenazándola, y finalmente contra la sociedad en su conjunto. El mayor triunfo no es la elucidación del crimen que se produce en la película, sino el hecho de que la policía, impotente, tenga que terminar recurriendo a ella cuando fracasan los métodos «racionales» en las pesquisas. No es un triunfo de la oscuridad sobre la razón, sino de la víctima de un prejuicio contra la sociedad prejuiciosa.

P.: La producción de «Premonición», pese a las estrellas que tiene en el reparto, proviene de un estudio independiente. ¿Eso fue una decisión?

S.R.: Sí y no. Creo que un guión de esta índole, con tantos elementos oscuros y desinteresado de los efectos especiales, rechazaba de antemano la idea que tienen las «majors» de una película clase A. Hay personajes secundarios, como ese loquito maravilloso que hizo Giovanni Ribisi, que -como en las tragedias griegas-se enfrenta a la posibilidad del parricidio. No hay historias de amor ni de terror convencionales, Keanu Reeves sólo tiene un papel secundario, la sordidez del ambiente es predominante. Sume todo esto y no le va a dar exactamente la ecuación que manejan los ejecutivos de Hollywood de una película cercana a sus corazones. De todas maneras, los grandes estudios manejaron la idea de hacerla en algún momento, aunque terminaron por desistir. Eso nos dio como resultado menos dinero para la producción, pero a la vez, una enorme libertad artística.

Firma

P.: En «Premonición», sin embargo, está su firma reconocible. No tanto como lo que ocurrió en un film anterior suyo como «Por amor al juego» con Kevin Costner.

S.R.:
Sé que a mucha gente le sorprendió que yo dirigiera esa película. Pero, ¿por qué no? Me emocionó el guión, me encanta el béisbol, y siempre me gustó ver películas de béisbol.

P.: Usted decía antes que insistir en el mismo cine que hacía en los años '80 sería una involución. Sin embargo, leí que no descartaba continuar con la serie de «Diabólico».

S.R.: Es cierto, está entre mis planes, no lo descarto. No obstante, sé que será una película de propósitos completamente diferentes de los que tenían las anteriores.

P.: No me dirá que el próximo «Diabólico» se programará en algún festival de cine independiente junto a films coreanos.

S.R.: (ríe). No, no tanto. Pero lo que es cierto es que yo ya no podría filmarla como lo hacía antes. En el pasado, los «Diabólico» eran películas exclusivamente de sensaciones. Ni siquiera me interesaba mantener un cierto grado de verosimilitud, ni de relato ni de cámara. Esas eran películas clase Z. Mi cine ha cambiado; ahora, aun dentro de lo fantástico, como es el caso de «Premonición», me interesa la verosimilitud en muchos aspectos, como las reacciones de los personajes, los centros neurálgicos de la trama. No importa que el móvil que lleva a la protagonista a actuar sea sobrenatural, la videncia en su caso: lo verosímil es la reacción de los oponentes, la forma en que se conectan con ella y sus dones. Es algo completamente distinto. Lo mismo puedo decir del resultado estético de la película, de la forma en que están pensados y ejecutados los planos. Antes, lo formal no me interesaba tanto, ahora sí.

P.: ¿Aplica los mismos criterios a su próxima película? Porque ésa sí que vendrá lanzada con toda la artillería de Hollywood.

S.R.: «Spiderman», la historieta. Sí, desde luego que todo lo que le digo también estará aplicado allí, aunque bajo la forma de una superproducción sin la misma libertad creativa que las películas pequeñas. Pero no será una excepción.

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