El vino, excusa de buenos relatos

Espectáculos

«Vino para contarnos. Historias para celebrar el vino» Varios autores. Editorial Planeta. Buenos Aires, 2007. 156 págs.

Las antologías de cuentos vienen bien para reparar olvidos y distracciones, ya sea en relación a autores poco difundidos o a textos que no se han vuelto a reeditar y hoy resultan inhallables. «Vino para contarnos» cumple la función de reunir en un mismo libro a escritores menos promocionados con otros tan célebres como Jorge Luis Borges (de quien se incluyen dos poemas), Juan José Saer, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez. Sin olvidar al uruguayo Felisberto Hernández, un cuentista magistral ( fallecido en 1964), cuya obra todavía aguarda un reconocimiento masivo. Su encantador relato «Mur» es un buen ejemplo de su habilidad para transformar un hecho intrascendente en una experiencia extraordinaria. También se destacan dos autores colombianos prácticamente desconocidos en nuestro país: José Luis Garcés González, autor de «Fernández y las ferocidades del vino», un simpático testimonio sobre los desencuentros amorosos de un bebedor, y Efraim Medina Reyes («She'so lovely»), dueño de una prosa muy coloquial que le permite subrayar la humanidad de sus personajes y darle un toque de humor a su sórdida conducta.

Los argentinos Gabriela Esquivada y Julio Acosta colaboraron con dos historias de gran intensidad dramática. «Champagne rosado» es una suerte de tributo a la memoria de Charlie Feiling. La autora evoca emocionada los últimos momentos felices que compartió con el escritor, antes de que la leucemia segara su vida. Acosta, por su parte, genera una explosión de imágenes sensoriales al ubicar su relato en el transcurso de una vendimia. «Yastay» combina secuencias de aliento épico con otras más intimistas, cargadas de erotismo y secretos familiares. El relato en primera persona ayuda a conocer más a fondo las dudas de un tímido jovencito que ve reflejado, en la arrebatadora maduración de las vides, su propio despertar sexual.

Por último, también cabría destacar al autor de «Ojos de barman», el serbio Branko Andjic (residente en Buenos Aires desde 1990). Este gran difusor de la narrativa hispanoamericana en la ex Yugoeslavia, describe un curioso triángulo protagonizado por una pareja de bebedores y la persona que les prepara los tragos.

La idea de «celebrar el vino» a través de quince testimonios literarios es sólo una buena excusa para disfrutar de un libro que se lee placenteramente, con o sin alcohol.

Patricia Espinosa

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