27 de agosto 2003 - 00:00
"En el espíritu del gospel también hay algo de tango"
Gregory Hopkins
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Conformado por veinticinco integrantes, el coro está dirigido por Gregory Hopkins, un tenor de formación lírica que ha cantado obras seculares y religiosas, y que actualmente ejerce la docencia en la Universidad Morgan de Baltimore. The Great Voices of Gospel viene de participar del Congreso Nacional de Coros Gospel, realizado hace pocos días en Nueva York. En la Argentina tendrán actuaciones en Buenos Aires -Luna Park, 29 y 30 de agosto-, Mendoza, Córdoba, Rosario y Tucumán. También viajarán a Uruguay y a Chile. A pocas horas de su llegada a la Argentina, dialogamos con Hopkins.
Periodista: ¿Usted considera al gospel un arte?
Gregory Hopkins: Hay puntos de contacto. Cuando pensamos en la música europea, solemos olvidarnos, por ejemplo, de que en muchos casos tiene connotaciones religiosas y la escuchamos como si sólo fuera arte. Para nosotros el gospel es una expresión religiosa. La Biblia nos dice: «vayan alrededor del mundo», y la música en este caso es el camino para llegar a distintas personas. Pero el gospel, como expresión musical, responde a las reglas del arte.
P: Pero convengamos que si, por ejemplo, un músico interpreta la «Pasión según San Mateo» de Bach no está pensando en sus connotaciones religiosas del mismo modo que en el gospel. Inclusive, muchas veces es interpretada por artistas no religiosos.
G.H.: Tampoco con el gospel es imprescindible tener sentimiento religioso para interpretarlo. Pero esa religiosidad está en la naturaleza de la música gospel. Porque es una música que habla de la relación personal con Dios.
P: ¿Y qué ocurre con el público que no tiene ese mismo sentimiento?
G.H.: Lo mismo que con el ejemplo de la «Pasión según San Mateo» que usted proponía. El gospel puede ser escuchado y disfrutado sin compartir necesariamente ese sentimiento religioso. Pero, en caso de tenerlo, el mensaje incluirá aspectos que otros no reciben o que reciben parcialmente. Es la diferencia entre la relación que tanto un músico como el público tienen con Dios y aquellos que sólo reciben esa música como una sucesión de notas organizadas de una cierta manera.
P.: Considerando que se trata de una música básicamente coral, con armonías y melodías europeas, ¿ubica al gospel más cerca de la música europea o de la vertiente afro-americana?
G.H.: Evidentemente tiene influencias mixtas: europeas y africanas, pero en la actualidad esa influencia se ha extendido aún a otros géneros, como el tango.
P.: ¿El tango?
G.H.: Sí. Nosotros vivimos en Nueva York y entre nuestros vecinos hay muchos hispanos. De modo que el abanico de influencias se ha ampliado enormemente hacia los géneros centroamericanos o, como le digo, hacia el tango. Todas esas músicas entran por nuestros oídos e, inevitablemente, terminan formando parte de nuestra expresión. Por eso es posible la aparición de bandoneón participando de un coro de gospel, como puede haber ritmos que se asocian con el cha cha chá o el merengue.
P.: ¿Cuál es la relación del gospel con el jazz?
G.H.: El vínculo es el negro spiritual. Desde ese punto de vista, el gospel sería la
vertiente religiosa y el jazz la secular.
P.: ¿Es posible hacer gospel sin cantantes?
G.H.: Sí, porque la potencia de la música y la relación con Dios está más allá de las palabras.
P.: ¿El gospel es un género alegre?
G.H.: Muchas veces es música que habla de las luchas, de los tiempos difíciles. La alegría surge por la esperanza. Eso viene de los negro spirituals. Siempre después del relato del dolor viene la esperanza por la gracia de Dios.
P: ¿El gospel puede ser también expresión de hombres blancos?
G.H.: Absolutamente sí.
G.H.: Es que nació en esa comunidad y es, originalmente, expresión de la comunidad negra. Pero actualmente yo tengo alumnos que no son negros; inclusive los japoneses -y me ha pasado recientemente en un seminario que dí en Florida-se muestran muy
interesados por esta música.
P.: ¿Usted sigue cantando ópera o ha abandonado esa expresión?
G.H.: Actualmente no estoy cantando esos repertorios; estoy totalmente abocado al gospel. Pero es algo que en algún momento me gustaría retomar. En estos momentos, ni siquiera voy a conciertos, ni a óperas, ni escucho música en casa. Toda mi energía está en buscar repertorio para mi coro y en profundizar en el gospel.
P.: ¿Su coro está integrado por músicos profesionales o es una actividad amateur?
G.H.: La gran mayoría de ellos tienen formación de músicos profesionales pero esta es una actividad amateur; el dinero que generamos no alcanzaría para sostener nuestra vida. De hecho, todos tienen otras actividades y realizan su actividad en el coro en sus tiempos libres y hasta hacen su aporte, un diezmo, a la iglesia. Eso nos complica, naturalmente, el tema de las giras, que tenemos que programarlas exclusivamente durante las vacaciones o en las licencias que puedan tomar en sus trabajos.
P.: ¿Es lo mismo cantar en su iglesia que hacerlo en un estadio como el Luna Park?
G.H.: No hay diferencia. Dios siempre está dentro de uno. De modo que uno puede trasladar al Luna Park la misma intención que tiene al cantar en una iglesia.
P.: Y el hecho de salir de gira y cantar noche tras noche, ¿no deteriora esa relación con Dios y transforma en rutina cada concierto?
G.H.: Para nada. El sentimiento es el mismo cada noche. Por el contrario, le diría que se renueva. Lo nuestro es más una ceremonia que renueva nuestro compromiso que un concierto.


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