27 de septiembre 2006 - 00:00

En los libros de Botero hay mar pero no gordos y gordas

Juan Carlos Botero: «Lasartes suelen celebrar elvalor de la vida, y cuandola vida está en peligro noes extraño que las artesirrumpan en toda supotencia».
Juan Carlos Botero: «Las artes suelen celebrar el valor de la vida, y cuando la vida está en peligro no es extraño que las artes irrumpan en toda su potencia».
No hay gordos ni gordas en las novelas y cuentos de Juan Carlos Botero, hijo del pintor Fernando Botero. Sólo personajes que enfrentan el mar, sus profundidades y peligros. El Botero escritor prefiere no hablar de su famoso padre; reconoce que su apellido es una carga al intentar hacerse un lugar en la literatura colombiana, y que cada vez que publica un libro debe enfrentar insalvables prejuicios.

Cuando se le recuerda que algunos críticos consideran que escribe obras elitistas, responde con ironía: «debe ser porque he tenido una vida difícil, con divorcios, muertes, secuestros y exilios en la familia, y porque he superado un cáncer que me tuvo al borde de la muerte. Comprender que esas duras experiencias suelen ser formativas me llevó a escribir 'El arrecife', mi última novela». Dialogamos con el escritor colombiano en su breve visita a Buenos Aires.

Periodista: ¿Por qué muchas de sus obras, y sobre todo su novela «El arrecife», se centran en el universo del mar?

Juan Carlos Botero: El tema del mar, que tiene una tradición que se inicia en Homero y es un gran género literario en la literatura anglo-sajona -de Melville a Faulkner, de Conrad a Hemingway-ha sido muy descuidado por la narrativa hispanoamericana. Ultimamente ha aparecido en novelas de Luis Sepúlveda y de Arturo Pérez-Reverte, pero no como centro de la historia. Inclusive en el caso de García Márquez, donde el mar es una presencia constante, es siempre distante. Y el único cuento donde el mar es protagonista es en «El verano feliz de la señora Forbes». Allí García Márquez, que cumple la tarea con rigor e investiga muy bien, hace un cuento fallido, con muchas cosas incorrectas. Y en grandes relatos, en bellísimos textos como «El último viaje del buque fantasma» o «Relato de un náufrago», el mar es sólo un telón de fondo.

P.: ¿De qué trata su libro?

J.C.B.: Es una novela de iniciación, de formación. Trata de Alejandro, un muchacho que es llevado por su tío Ernesto, un hombre sabio y rebelde, a una isla. Que se llame Ernesto es un guiño a Hemingway, por «El viejo y el mar», y a Sábato porque «Sobre héroes y tumbas», que descubrí en la adolescencia, me hizo empezar a escribir. Ernesto toma a ese chico de los 5 a los 13 años y le enseña todo lo que él sabe sobre el mundo del mar y el universo de las aguas, que son temas de una riqueza increíble y, a la vez, absolutamente desconocidos no sólo para la narrativa sino por la gente en general. El mar es un espacio totalmente inexplorado, se ha recorrido menos de uno por ciento del territorio submarino.

P.: ¿Qué busca lograr Ernestocon Alejandro?

J.C.B.: Que deje atrás la niñez, que se convierta en hombre atravesando una prueba suprema: enfrentar los peligros de lanzarse a mar abierto y descubrir un mundo nuevo. Retomo el carácter metafórico de las novelas de formación, la prueba de pasaje que realiza el héroe para salir del ambito familiar. Es la frase que le lanza Ulises a Telémaco: «es hora de que dejes tu niñez y te conviertas en hombre». Es el mandato de ser íntegro, valiente, honesto y capaz de asumir desafíos.

P.: ¿Por qué una novela de formación?

J.C.B.: Porque aunque desde la picaresca ese género ha sido muy importante, y cumple un papel pedagógico, instructivo, formativo del carácter, hay muy pocas en la literatura en español. Desde hacía mucho tenía ganas de recuperar esa preciosa tradición.

P.: ¿Ese género se ha puesto de moda con Harry Potter?

J.C.B.: Sin duda, pero ya era de culto por novelas muy diferentes, como las de Salinger o de Hermann Hesse. Muchas de las obras de Hemingway son relatos de iniciación. En mi novela busqué retomar ese heroísmo del fracaso, ese heroísmo de la dignidad que expresó Hemimgway en «El viejo y el mar».

P.: ¿Cómo ve la literatura de Colombia?

J.C.B.: Es increíble lo que está pasando. Hay cuatro o cinco generaciones de autores que están publicando dentro y fuera del país, y están triunfando. Hay algo sumamente vital no sólo en literatura, también en el teatro, en la música, en las artes plásticas. Creo que todo eso está relacionado con la violencia. No creo que sea a pesar de ella, no es un escapismo; es una respuesta vital a las amenazas a la vida. Las artes suelen celebrar el valor de la vida, y cuando la vida está en peligro no es extraño que las artes irrumpan en toda su potencia.

P.: ¿Cuando la sociedad está mal la literatura está bien?

J.C.B.: Muchas veces sucede. Por lo menos eso lleva a pensar en la Rusia del siglo XIX, la Norteamérica de la Guerra Civil y el esclavismo, la Alemania previa a Hitler y luego en el exilio; los escritores que salen de la URSS, los disidentes. El arte, en momentos de peligro, de inseguridad, se convierte en un bastión de rebelión, que es fundamental para la sociedad.

P.: ¿Qué escritores colombianos valora?

J.C.B.: Tengo una admiración profundísima, un respeto enorme por García Márquez, el novelista más importante en castellano después de Cervantes. Como novelista, porque como narrador Borges le lleva la delantera.

P.: ¿Conoce a García Márquez?

J.C.B.: Me ha ayudado en muchos momentos de mi carrera de escritor, pero sería un atrevimiento decir que soy amigo suyo. Sé que hay escritores que dicen eso, pero no es ni honesto ni positivo. Después de García Márquez ha habido una generación de grandes escritores, y en la mía somos varios los que estamos trabajando -en temáticas diferentes- con seriedad. Quisiera destacar un caso de mi generación: William Ospina, que con su primera novela, «Urusua», ha logrado lo más importante que se ha hecho en prosa en Colombia, después de García Márquez.

P.: ¿Cómo fue estudiar literatura en Harvard?

J.C.B.: Los argentinos, que tienen librerías por todas partes y buenas bibliotecas, acaso no se sorprendan, pero para un colombiano fue una experiencia maravillosa encontrarse con tal abundancia de material, de información, y con grandes maestros que dan clases inolvidables como las de Alazraki sobre Borges.

Entrevista de Máximo Soto

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