26 de noviembre 2000 - 00:00

En subastas top, los récords de latinos aún son excepción

En los remates neoyorquinos, el auténtico récord del arte latinoamericano, de 1,6 millón de dólares, pagado en Christie's hace unos días por una obra del cubano Félix González Torres, pasó casi inadvertido entre los precios millonarios que recaudan los artistas contemporáneos y también ante el rotundo fracaso de la venta dedicada a nuestra región. El arte contemporáneo, rubro en permanente alza, ya sea por su visibilidad en exposiciones internacionales como por su escalada en el mercado de galerías y remates, ya cuenta con récords históricos en las subastas. En primer lugar, los 20,6 millones pagados por una pintura de Willem de Kooning en 1987, en pleno boom del mercado, pero confirmado en la posterior depresión cuando en 1996 otra obra del mismo artista escaló a 15 millones.
Sin embargo, la presencia del latinoamericano
González Torres entre sus pares contemporáneos de Europa Y los EE.UU., se puede considerar una excepción, aun teniendo en cuenta que su obra la realizó en Nueva York.
Excluidos en primer término de la historia del arte de Occidente, los artistas de Latinoamérica están también excluidos del área del mercado que les corresponde. Desde el arte precolombino hasta el de la actualidad, Latinoamérica se vende en un territorio sitiado como un guetto y ajeno a las tendencias estilísticas que dividen las diferentes subastas en categorías como las de los grandes maestros, impresionistas, modernos o contemporáneos, entre otros.
González Torres, nacido en 1957, ganó su fama en la década del noventa y se lo consideraba hasta ayer como el nuevo Basquiat -como él, también murió de sida-, pero ahora sobrepasó largamente el precio de los artistas de la generación del ochenta, como las del argentino Guillermo Kuitca, el español Miquel Barceló e, incluso, los norteamericanos Julian Schnabel y Jean Michael Basquiat, hasta ayer el más cotizado.

Intimidades

La gloria de Basquiat proviene de su especial talento para transformar los grafitti callejeros en pinturas dignas de un museo, pero el secreto del éxito de González Torres y el de toda una vertiente que hoy está en el candelero, consiste en la exteriorización pública de los sentimientos más íntimos. Exhibir lo privado ante el mundo es lo que hizo González Torres cuando pegó carteles callejeros con la fotografía de la cama vacía de su amante muerto, y cuando mostró las huellas de sus cuerpos.
«Blood», la obra pagada 1,6 millón que estaba estimada entre 400.000 y 600.000 dólares, una cortina de cuentas de color rojo realizada en 1992, es una referencia directa aunque poética por cierto -condición que es preciso reconocerlo, prevalece en toda su obra-, al recuento de glóbulos rojos y blancos.
En un mundo donde todo se acelera, las subastas son un reflejo de ese acontecer, y las últimas generaciones comienzan a ocupar un lugar estelar sin tener que esperar a que la censura del tiempo emita su veredicto.
Entretanto, los resultados de los remates de Latinoamérica padecieron una baja sólo comparable a la que causaron los efectos «tequila» y «caipinrinha», determinada en parte por la ausencia de grandes obras y también porque las que estaban en oferta tenían estimaciones que los compradores consideraron elevadas. Sotheby's recaudó un total de 7,7 millones, poco dinero teniendo en cuenta que en el remate anterior vendieron un
Frida Kahlo en 5 millones. Esta vez el precio más elevado fue el de «Sandías» de Tamayo, pintura que llegó a 1,2 millón.

Otros elegidos

En Christie's totalizaron la suma de 5,8 millones y el precio top, 830.750 dólares se pagó por «Mulher deitada com peixes e frutas» de Emiliano di Cavalcanti. Como anticipó este diario, y con una seductora mulata, Brasil logró su récord. Aunque la morena de Cándido Portinari que ilustraba la tapa del catálogo no encontró comprador, al igual que las excelentes pinturas del chileno Roberto Matta, el colombiano Fernando Botero y los argentinos Antonio Berni y Emilio Pettoruti.
En Sotheby's los brasileños vendieron en el récord de 830.750 dólares una obra del pintor viajero
Arnauld Julien Pallière. El cuadro, la primera vista conocida de San Pablo, una idílica visión de la ciudad en el año 1829, provenía de la Muestra de los 500 años de Brasil que celebró el mundo entero y que estaba presentado por su curador, Pedro Corrêa do Lago.
Las subastas de arte latinoamericano fueron desde su creación, en el año 1978, la puerta de acceso obligada al mercado del Norte. Pero ahora, los desplazamientos que impone la globalización abrieron las agendas de los coleccionistas a las galerías y las nuevas ferias de arte. Como Arte BA, que este año presentó sus credenciales en Nueva York y pretende erigirse como el enclave más genuino del mercado latinoamericano. Además, la tecnología aporta lo suyo y hoy, cotejar precios es casi un juego de niños.

Dejá tu comentario

Te puede interesar