Entretiene aventura de dos perdedores

Espectáculos

«The Matador» (EE.UU., Alemania-Irlanda, 2006, habl. en inglés). Dir: R. Shepard. Int.: P. Brosnan, G. Kinnear, H. Davis, P. Baker Hall.

Analizada fríamente, «The Matador» no es otra cosa que una reelaboración inteligente, muy bien ejecutada, de «Extraños en un tren» de Patricia Highsmith» (y, por ende, de «Pacto siniestro» de Alfred Hitchcock). Mientras se la disfruta, esta comedia negra policial funciona como una entretenida y hasta emotiva historia sobre los lazos de amistad genuinos que se pueden crear entre dos tipos quebrados a todo nivel.

Pierce Brosnan
compone uno de los mejores papeles de su carrera como una especie de James Bond decadente, un asesino a sueldo fisurado, destruido psicológicamente con dedos que tiemblan en el gatillo e imágenes de él mismo de niño suplantando a sus víctimas cuando las tiene perfectamente ubicadas en su mira. En México, este asesino profesional no se acuerda ni de su cumpleaños, y en medio de la crisis de identidad consiguiente, el protagonista entabla una extraña amistad con un ordinario comerciante norteamericano que intenta vanamente cerrar el negocio que podría salvar su economía, su matrimonio y todo lo que ha construido hasta el momento.

Grez Kinnear
se resiste a creer la noción de que Brosnan es un «facilitador», es decir un asesino que liquida a alguien que estorba en un negocio, trabajo que ejerce no para la mafia, sino para las corporaciones que soliciten sus servicios. En una escena brillante, durante una corrida de toros, el asesino y el incrédulo marcan un blanco al azar entre el público para una demostración práctiva que vuelva creíble la afirmación del «hitman». La mezcla de suspenso, humor, frialdad, apuntes sobre ética y moral y la simpatía general que destila toda esta película se puede sintetizar en esta escena sin desperdicio, de desenlace tan difícil de prever como el de todo el conjunto.

Richard Shepard
apenas puede ser recordado entre nosotros por una comedia policial que nunca se estrenó en cines, «The Linguini Incident», con David Bowie y Rosanne Arquette, y su pulso narrativo no es el de un director y guionista debutante ni nada que se le parezca: la utilización de la narración no lineal en la que se centra para sorprender al espectador està armada con una naturalidad que ayuda a convertir a su rompecabezas en un producto disfrutable, lleno de comicidad macabra, tensión y detalles que le dan peso como thriller, ya que finalmente eso es lo que es, más allá de sus atractivos matices, esta sorprendente «The Matador».

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