25 de mayo 2000 - 00:00

"ESPERANDO AL MESIAS"

Esperando al Mesías” tiene casi todos “plain los condimentos para conformar al público adicto al cine independiente: humor naïf, temática gay-lésbica, retrato social de seres marginales, una mirada entre irónica y tierna a la comunidad judía y cortes de montaje mal hechos a propósito, diseñados para darle a la imagen algún toque vanguardista. Lástima que faltaron cosas importantes, como una historia que se sostenga, comicidad e intensidad dramática y un pulso narrativo que ayude a volver más digeribles sus 100 minutos de duración.
Una pena, porque el prólogo que salta de las Bolsas del mundo a una manifestación en Buenos Aires prometía ironía y buen ritmo. Pero enseguida la cosa decae: para volver mínimamente verosímil la conversión de un bancario en linyera que revuelve la basura, habría que haber buscado imágenes que estén a la altura del terrible salto que esa metamorfosis supone en la vida de una persona. El director Daniel Burman prefirió saltearse ese momento clave, siguiendo esa línea a lo largo de toda la película. Por eso las escenas de sexo no erotizan, los momentos cómicos apenas despiertan una sonrisa y las partes emotivas derivan una imaginería cristalina digna de Eliseo Subiela (en especial el hallazgo navideño de un bebé entre la basura).
Lo mejor son las pinceladas de la burbuja judía de la que trata de escapar el personaje central, un eficaz Daniel Hendler. Esto, que tendría que haber sido el núcleo del film, apenas ocupa un tercio del metraje. Los efectos especiales de la filmación de un barmitzva por el protagonista no tienen desperdicio, pero apenas duran 1 minuto de película. Su padre, el dueño de un bar de Once, ilumina la pantalla en cada aparición, ya que está intepretado por el siempre talentoso HéctorAl terio.
En realidad casi todo el cast es sólido (sobre todo Melina Petriella, Chiara Caselli, Dolores Fonzi y Stefania Sandrelli), aunque el encargado de personificar al bancario marginal, Enrique Piñeyro, tiene la obligación de tirar líneas tan increíbles como «sueño con tu cola apoyada sobre mi vientre». Justamente la conexión entre este personaje y la historia del protagonista nunca luce natural, siempre forzada, igual que la participación de Imanol Arias y esos cortes tan modernos que arruinan el montaje en un esfuerzo inútil por disimular la falta de originalidad formal del conjunto. Más allá de estos reparos, «Esperando al Mesías» tiene solventes fotografía y sonido, y hasta permite disfrutar a lo grande la divertida secuencia de créditos finales al son de una canción de Hanuka.

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