"A esta altura poder hacer 'El violinista en el tejado' es un regalo de la vida, además de un milagro en nuestro teatro", se entusiasma Pepe Soriano, protagonista del gran clásico de la comedia musical que se estrena el 27 de abril en el Teatro Broadway producida por Alejandro Romay (y que este diario ofrecerá en preestreno para sus lectores), quien ya la hiciera en 1969 en la Argentina con Raul Rossi en el papel de Tevye, el lechero un poco filósofo que a veces habla con Dios, y que se mantuvo durante tres años en cartel en nuestro país, y bajó a sala llena. «Hoy «El violinista en el tejado» tiene más actualidad que hace 30 años. El cuentito judío de Sholem Aleichem, que supo en sus relatos mezclar risas y lágrimas, alegría y piedad, trasciende su propia cultura, el tributo al pueblo judío, hasta volverse universal y alcanzar al corazón de todos. Va más allá de la historia de la comunidad judía en un pueblito de Rusia donde un pobre lechero no tiene dote para bien casar a sus hijas. Es como si hubiera querido confirmar aquella frase de León Tolstoy «cuenta tu aldea y contarás el mundo», comenta el consagrado actor, mientras recorre el amplio living de su casa, en el barrio de Colegiales, y murmura «acá al lado vivió el poeta Raúl González Tuñón», o señala un poemario hecho a mano por Rafael Alberti.
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De pronto, un violín que cuelga de una biblioteca lo hace volver al musical «perteneció al poeta Jacobo Fijman, el amigo de Borges que terminó en el manicomio, y fue otro tipo de 'violinista en el tejado'. Es bueno recordar poetas cuando se tiene que hablar de una obra en el fondo tan poética. Es notable cómo los temas de la tradición, con que se abre la obra, tambien nos hablan de mantener nuestra identidad, cómo muestra el valor de la familia y la importancia de los afectos, y, en el final, cómo se sufre la intolerancia y el éxodo. Cuando canto 'dónde están los sueños que forjé', en el escenario lloramos todos, y creo que esa catarsis también la va a sentir el público».
El estreno de «El violinista en el tejado» estaba planeado para realizarse en el teatro El Nacional, pero el éxito del musical «Tanguera» que produce Diego Romay, hizo que se trasladara al Teatro Broadway. «Para nosotros fue un golpe, porque ya nos habíamos hecho a la idea, pero a nadie se le ocurre, y menos en estos tiempos, levantar un espectáculo que anda bien. Romay modificó la sala, avanzó el escenario dos metros, y ahora está preciosa», comenta Soriano, que no quiere sospechar que su papel es un premio de Alejandro Romay por su elogiada labor en «Mi bella dama». «Romay es uno de los pocos, sino casi el único, que se juega hoy por el teatro, que es capaz de hacer grandes inversiones como ésta. Entre nosotros ha crecido una relación de mucho afecto, y eso, tanto como el público, me impone una mayor responsabilidad en mi trabajo».
Animo juvenil
A los 72 años («casi 73», aclara él, ya que los cumple en septiembre), Soriano se prepara con animo juvenil para cantar y bailar durante dos horas, tres veces por semana va a un gimnasio donde suele ver a Maximiliano Guerra, ensaya todos los días desde el mediodía a las diez de la noche, y está admirado por el grupo de actrices y actores con los que trabaja. «Todos nos conocemos desde hace mucho. Con Rita Cortese, que hace de Golde, la mujer del lechero, es la tercera vez que hacemos algo juntos y aquí su labor es nuevamente memorable, Estela Molly conoce a fondo la obra porque ya la hizo en otro papel, Juan Manuel Tenuta está estupendo en su papel del carnicero rico. Nos hemos ido integrando las 40 personas que estamos en escena hasta ser casi como aquella comunidad pueblerina del cuento de Aleichem».
Quiere no olvidarse de nadie y detalle el valioso trabajo sucesivo que hicieron en la dirección primero Claudio Hochman y, luego que éste tuviera que viajar a Portugal, Elena Trietek. Soriano nos confía como cada uno de los actores busca recursos para hacer mas reales a sus personajes y la alegría compartida del hallazgo de pequeños detalles. El encontró, por ejemplo, que debía llevar en los bolsillos semillas de girasol y convidar con ellas o, antes de rezar, refregar en sus manos ramitas de lavanda, y se divirtió al descubrir que luego de cantar el gran clásico del musical «Si yo fuera un hombre rico», podía hacerle gestos de regateo a Dios al decirle: «¿Dios mío sería tan terrible que yo tuviera una fortuna? ¿una pequeña? ¿una más pequeña? ¿pequeñita?». Camina unos pasos reflexionando: «acaso la gente eso no lo ve, pero yo lo siento, me hace vivir el personaje a pleno. No pretendo ser un intelectual, para discursos huecos ya hay hoy demasiada gente, demasiados políticos. Yo soy actor y busco transmitir emociones».
El actor no quiso ver la película «El violinista en el tejado», que Hollywood realizó en 1971 y ganó cuatro Oscar (al mejor director, Norman Jewison, a la mejor película, al mejor actor, Topol, y al mejor actor de reparto) y dos Globos de Oro, porque «no quise impregnarme del trabajo de Topol y poder dar mi propia versión. A Alejandro Romay, que conoce profundamente la obra, le gustó al punto de decirme que estaba muy bien. Me gustaría que fuera mi íntimo homenaje a Raul Rossi, que fue quien primero hizo el papel de Tevye en la Argentina, con quien trabajé en televisión en 'Alta comedia' y en 'Esperando la carroza', entre muchos otros programas, y, la primera vez que lo vi actuar, pensé: hasta puedo envidiarlo, y está bien que lo envidie por lo bien que hace su trabajo, fue una gran figura en un género difícil».
A pocos días del estreno el actor de «Los gauchos judíos», «La Nona» y «El loro calabrés» siente que «ya está todo el discurso preparado como una declaración de amor al público, ahora falta el encuentro.Y en el encuentro algo va a cambiar. Creo saber dónde se van a emocionar, y hasta llorar, pero no se aún dónde se van a reír, por eso esperamos con ganas y ansiedad ese encuentro».
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