«Manon» de J. Massenet. Con P. Almerares, E. Ayas, O. Carrión, M. Solomonoff, L. Rizzo, M. Bugallo, A. Cecotti, G. Renaud, H. Iturralde, O. Grassi, N. Kassapian, G. De Kehrig y J. Giabbanelli. Régie: A. Zabrsa. Esc.: R. Berasain. Vest.: E. Ferreiro. Coreog.: J. Amarante. Ilum.: M. Rinaldi. Dir. coro: A. Balzanelli. Coro y Orquesta Estable del Teatro Colón, Dir.: R.Censabella. (17/8, Teatro Colón.)
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Esta Manon está tomada del relato que inspiró también a Auber, Puccini y Henze para convertirla en ópera. Se dice que es autobiográfica, pero conviene aclarar que fue el caballero Des Grieux quien contó el episodio al abate Antoine Francois Prevost d'Exiles, los libretistas Meilhac y Gille se ajustaron al original, excepto en el final que también transcurre en Francia, cuando Manon Lescaut muere en Norteamérica. Por lo demás, el mensaje de la obra sigue siendo el castigo a la frivolidad desmedida sin importar de dónde vienen los recursos.
Aquí se presentó por primera vez en 1910, y en una de sus funciones se produjo un atentado anarquista en el que estalló una bomba en la platea del Teatro Colón.
La actual versión en nuestro primer coliseo es de una impactante belleza visual. Cada vez que se levanta el telón en cada uno de sus cinco actos, los personajes «congelados», semejan un tapiz de la mejor manufactura. El jefe de diseño de producción del Colón recurrió al refinado trabajo que en 1970 realizara Jacques Dupond, con telones de fondo que son verdaderas obras de arte en cuanto a color, perspectiva y clima; una buena solución de Rubén Berasain, así como la elección del vestuario que hizo Ernesto Ferreiro, todo ajustado a la moda de París en 1721.
Por lo menos la tarde del debut, los méritos atribuidos a la música de Massenet escasearon; del foso de la orquesta llegaba una música pesada, de trazos gruesos y demasiada tensión, casi no se percibió el «acento francés». La relación Coro y Orquesta tampoco fue muy cordial.
Afortunadamente la protagonista es formidable. La soprano argentina Paula Almerares aumentó el rango de su voz, los recursos técnicos los utiliza con inteligencia, y actúa el personaje desde una interioridad que lo hace creíble. Se supera a sí misma, puesto que no olvidamos su anterior Manon en La Plata y con el mismo compañero, el tenor Eduardo Ayas, que hace el difícil papel de Des Grieux destemplado, con algunos buenos momentos, pero en general con problemas de emisión y afinación.
El resto del elenco, con las fisuras a las que nos estamos acostumbrando, sin pulir el idioma ni la línea de canto, a veces apenas cumpliendo, y en este sentido debiera haber un llamado de atención antes de las cinco funciones que faltan y aprovechando los cinco días de distancia entre la primera y la segunda.
La regista no parece haber hecho un gran esfuerzo para llegar a esta puesta lineal y convencional, y la coreografía es insoportable, los bailarines son como «bibelots» en genuflexiones pretendidamente galantes y de una lamentable superficialidad. No hace falta demasiado esfuerzo ni dinero para pulir esta Manon y que sea un espectáculo digno del historial del Colón, siempre que exista el interés de cuidar su prestigio.
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