El contemplador interesado en un arte trascendente no debe soslayar la muestra de Xul Solar (1887/1963) en Galería Rubbers (Av.Alvear 1595). Son treinta obras de pequeño formato ya que, como a Paul Klee, le bastaba un pedazo de papel para inventar un mundo. Artista universal, «cosmopolita», según su gran amigo Borges, inventor de un lenguaje en el que caben elementos fantásticos, oníricos, esotéricos, enriquecido por la lectura de innumerables libros y otra vez Borges: «no he conocido biblioteca más versátil y deleitable que la suya».
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Para acceder a las claves de Xul están las cartas, los apuntes, sus notas de viaje, muchos de ellos en alemán antiguo, así como importantes estudios sobre su obra. No es tarea fácil ingresar en ese mundo inventado que, sin embargo, nos va llevando por el camino del misticismo y por una espiritualidad que va más allá de la apreciación estética. Un creador secreto que se nutrió de diversas corrientes hasta conformar una identidad personal. Está el Xul simbolista, expresionista, surrealista, un ser que «soñaba con fundar una nueva religión sobre mi arte y crear un mundo para mis seguidores». Utopía, si se quiere, y sin embargo la panlengua por él inventada lo convirtió en visionario respecto de la Argentina que amaba, así como del resto de América. Xul Solar nunca terminó sus estudios de arquitectura pero de allí quizás provenía su afán por el papel sobre el que volcó témperas y acuarelas cuyo color expresa una intensidad de lejanía y que además manejó en sentido de valor numérico, hecho documentado en sus cuadernos. Entre sus temas, la ciudad, de carácter laberíntico y a la que dedicó gran cantidad de obras inolvidables, por ejemplo: «Vuel Villa» (1936), «Ciudá Lagui» (1939), «Ciudad y Abismos» (1946) y en esta muestra, «Proyecto Fachada Ciudad» (1954), «Pagoda» (1925), de carácter orientalista.
Pero esta muestra está presidida por «7 Rishis» realizado entre 1935 y 1939, una rareza en cuanto a su tamaño (231 x 170 cm) y una imagen aparentemente legible a primera vista. Los rishis, poetas y cantores védicos, están sentados en círculo en estado de devoción iluminados por siete rayos que provienen de un Guía del Ser Supremo. Siete son los escalones del templo, un río zigzagueante, los árboles y las montañas propias del paisaje oriental. El estudio de esta obra, prólogo del catálogo, fue realizado en el departamento de investigación del Museo Xul Solar a cargo de Cecilia Beninger.
De carácter figurativo y una técnica algo diferente en comparación con el resto de su obra, la paleta alrededor de Siddartha son los colores de sus grafías: azul, rojo, amarillo, verde, los árboles están expuestos en un contexto paisajista más naturalista. La construcción ascendente ya aparece en la acuarela «Proyecto» (1918).
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