La Sala Lugones exhibirá a partir del martes 11 de setiembre una revisión de la valiosa obra del maestro del western John Ford. Organizada por la Cinemateca Argentina y el Teatro San Martín, el ciclo incluirá 12 de sus mejores films, que recorren distintos períodos de su carrera.
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Considerado como uno de los pilares del cine clásico norteamericano, inspirador de otros grandes cineastas como Orson Welles y Akira Kurosawa, y autor de films inolvidables como «La diligencia», «Qué verde era mi valle», «Más corazón que odio», «Un tiro en la noche» y «El hombre quieto» (estos dos últimos no incluidos en el ciclo de la Lugones), Ford realizó.
Bajo el título «John Ford: una revisión», el ciclo registra buena parte de lo mejor del período sonoro, que el mismo director consideraba como el de su mayor madurez estilística, cuando fue construyendo un cuerpo de obra de una homogeneidad y una coherencia sin parangón en Hollywood. De todas formas, la mayoría de sus películas mudas hoy se consideran perdidas.
El ciclo abre el martes 11 con «El caballo de hierro» (1924), que narra el esfuerzo de dos el mismo año de «El ciudadano» le dio otros cuatro Oscar a un film de Ford; «El fugitivo» (1947), que a partir de una novela de Graham Greene sobre la tragedia espiritual de un sacer-dote, el director consideraba una de sus películas favoritas. También se verán los tres films que conforman la llamada «Trilogía de la caballería», y todos protagonizados por John Wayne: «Fuerte Apache» (1948), en la que un arrogante oficial, inspirado en el general Custer lleva sus hombres a una masacre frente a los apaches; «La legión invencible» (1949), el film de la trilogía que Ford confesó como su preferido, sobre el drama de un capitán que debe enfrentar su última misión antes del retiro; y «Río Grande» (1950), con el mismo capitán de « Fuerte apache» escindido entre su deber familiar y su compromiso con el ejército.
El ciclo se completa con la aún hoy controvertida «Más corazón que odio» (1956) sobre un veterano confederado dispuesto a vengarse de los indios que mataron a su familia; la subvaluada «El último viva» (1958) con Spencer Tracy, Jeffrey Hunter y Pat O'Brien evocando el viejo espíritu irlandés; y «Marcha de valientes» (1959), sobre dos personajes con distintas posiciones frente a la Guerra de Secesión, ejemplo de la simplicidad formal de la última etapa del gran director. Pese a que él mismo solía presentarse diciendo «Mi nombre es John Ford y hago westerns», en relación con el género al que contribuyó a impulsar como nadie, su cine abarcó fronteras más amplias, pero siempre con la marca distintiva de la sinceridad y la claridad de expresión.
De origen irlandés, Ford valoraba la idea de la familia y la comunidad, pero la tensión dramática de sus films muchas veces provenía del conflicto entre el individuo y su grupo, entre los momentos de intimidad y la respiración épica del relato. «Descubierto» por los críticos franceses de «Cahiers du Cinéma» que revalorizó su cine para toda Europa, Ford dijo a esa publicación en 1956: «Busco más que nada la simplicidad, la verdad desnuda en medio de la acción rápida y brutal». Y añadió: «Lo que me interesa es hallar lo excepcional en lo común, el heroísmo en lo cotidiano; cómo reacciona un individuo frente a un hecho crucial o una circunstancia trágica».
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