A los 76 años murió anteayer A en Londres Karel Reisz, director de origen checo que llegó a ser, junto con Tony Richardson y Lindsay Anderson, uno de los tres líderes del «Free cinema» en la Inglaterra de los años '60, equivalente inglés de la «Nouvelle vague» francesa. Entre las películas más famosas de Reisz (aunque sólo la prime-ra representativa de la mencionada corriente) se cuentan «Morgan, un caso clínico», «Isadora», y «La amante del teniente francés». Reisz había llegado como refugiado a Gran Bretaña desde Checoslovaquia cuando su país estaba ocupado por los nazis. Sus padres habían muerto en Auschwitz y él no sabía una palabra de inglés. Crítico y profesor de técnica cinematográfica (su libro sobre montaje continúa siendo un clásico), dirigió dos documentales («Momma don't allow», 1955, y «We are the Lambeth Boys», 1958) antes de su primer film de ficción, que hizo famoso a Albert Finney: «Todo comienza el sábado» («Saturday night and Sunday morning», 1960), drama sobre la vida de un obrero inglés. Eran los años de los «jóvenes iracundos» de la « swinging London».
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A continuación vinieron «Al caer la noche» («Night must fall», 1964, también con Finney) y «Morgan, un caso clínico» («Morgan: A Suitable Case for Treatment», 1966), una mirada al mundo de la enfermedad mental protagonizada por David Warner y Vanessa Redgrave, a quien convocaría dos años después para «Isadora», sobre la vida de la bailarina de vanguardia Isadora Duncan.
Finalizado el «sueño», según la expresión de John Lennon, Reisz se trasladó a Hollywood donde filmó algunas películas de mediano éxito, como «El jugador» («The Gambler», 1974, con James Caan), «Amargo cargamento» («Who'll stop the rain», 1978, con Tuesday Weld) y «Dulces sueños» («Sweet Dreams», 1985, con Jessica Lange).
De este último período, sin duda su mayor triunfo fue «La amante del teniente francés» («The French Lieutenant's Woman», 1981), con Meryl Streep y Jeremy Irons, donde adaptó hábilmente, con la mediación de Harold Pinter, una novela de John Fowles que combinaba ensayo y ficción en la forma de una película de «cine dentro del cine».
En una reciente entrevista que le realizó el British Film Institute, Reisz no ahorró ironías con respecto a la dimensión que en su momento le dio la prensa al «Free cinema»: «Francamente, ni Anderson ni Richardson ni yo lo podíamos creer. Los diarios y las revistas empezaron a llenarse de notas sobre nosotros cuando recién habíamos hecho un par de cortos. Hasta nos entrevistó 'Panorama'. Se hablaba del 'nuevo cine inglés' y tonterías semejantes. Lo que ocurría era que existía una gran voracidad por cosas nuevas, por cambiar lo que Truffaut, por esos mismos años, llamaba en Francia 'el cine de papá', y ahí llegamos nosotros en el momento justo y el lugar adecuado».
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