8 de junio 2000 - 00:00
"FANTASIA 2000"
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Al menos tres de los siete fragmentos de «Fantasía 2000» merecen ocupar un lugar de honor en la historia del cine anima-do. La colisión de extrañas figuras geométricas con fondo de la Quinta Sinfonía de Beethoven (en versión «single», un poco corta), la escapada jazzística de frustraciones y sueños colectivos que ilustra la «Rapsodia en Blue» de Gershwin y la apocalíptica fábula fantástica armada sobre el «Pájaro de fuego» de Stravinsky -con trazos que parecen más de animé japonés que de Disney- merecen el catálogo entero de elogios del que suele hacer uso la crítica especializa-da. Casi al borde de esos momentos imperdibles se encuentra la extraña aventura espacial con ballenas voladoras al son de los «Pinos de Roma», de Res-pighi.
En el medio, hay un «bis» del «Aprendiz de brujo» que marcaba uno de los momentos culminantes de la vieja «Fantasía». La pantalla se achica en forma-to y se profundiza en colores y fluidez de movimientos para mostrar al pobre Mickey acosado por una invasión de escobas zombies. La pieza de Paul Dukas conducida por Leopold Stokowski (en todas las demás ocasiones reemplazado por James Levine) está remasterizada de todas las formas posibles, y aun si no lo estuviera seguiría teniendo una magia imposible de igualar. Maravilloso, y sin duda otro motivo más para correr a comprar la entrada al cine, pero de todas formas sigue siendo una manera elegante y emotiva de rellenar los escasos 75 minutos de duración.
La película original duraba dos horas, y no incluía las forzadas presentaciones a cargo de figuras tan diversas como Steve Martin, Quincy Jones y Bette Midler, insertados en un ataque de subestimación del público que sesenta años atrás pudo digerir sin problemas (ni presenta-dores obvios) la abstracta sucesión de secuencias de animación. Otro error casi grave es la combinación de Donald, el Diluvio Universal y «Pompa y circunstancia» de Elgar. Por suerte dura poco, aunque no tan poco como el divertido pero no muy sustancioso gag de un pajarraco que juega al yo-yo con fondo de Saint-Saens. La historia del soldadito de plomo de Andersen sirve de link entre las dos «Fantasías». Antes lo descartaron porque no sabían qué música ponerle, y ahora descubrieron que Concierto N° 2 para Piano de Shostakovich le que-daba bien, lástima que después de las dos «Toy Story» el asunto perdió algo de fuerza (lo que no quiere decir que el fragmento no tenga su gracia, sobre todo en un vertiginoso y aterrador descenso por las cloacas). Como el comienzo y el final son terriblemente impactantes, lo del medio se desdibuja por completo. Lástima que no haya una pantalla gigante IMAX en la Argentina para disfrutar al máximo de «Fantasía 2000». Al menos, es de esperar que no se exhiba en ninguna sala sin el sonido adecuado, lo que ya sería todo un desperdicio.




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