Gallardo: arte con las palabras y los objetos

Espectáculos

Carlos Gallardo (1944), es un obsesivo coleccionista de objetos y de palabras que recoge y rescata de su vida nómade entre Europa, Canadá y Buenos Aires. No son objetos visualmente atractivos: cadenas, cables, partes de buzones y de máquinas de escribir, piezas mecánicas de metal o como en la muestra que se inauguró ayer en el Museo Nacional de Bellas Artes, breteles de silicona, clips, resortes, hierro, vidrio, condones, pañuelos, 4000 jeringas. También papel, cartas, hojas de calendario o de pasaporte, fotos. Y papel también es la memoria, el tiempo -tema que recorre la obra de Gallardo-la palabra, las eternas preguntas «¿qué?», «¿quién?», «¿cómo?», «¿cuándo?», «¿dónde?», «¿por qué?» que reitera constantemente.

Preguntas inquietantes de la perpetua angustia existencial, que el hombre de hoy, ante los horrores cotidianos, quizás no alcance siquiera a hacerse. Toda la muestra es una gran escenografía meticulosamente planeada -debe recordarse que Gallardo es un escenógrafo de renombre internacional-, un espacio de reflexión y de conflicto, ya que para el artista, la estética sin éste, no tiene razón de ser. Es extraordinario cómo logra unir estos objetos y conformar una suerte de biografía que también puede ser la del espectador.

En una ocasión señalamos lo conmovedor de una obra en la que el artista pone al que mira frente al deber de «no olvidar». La muestra consiste en cinco series realizadas en 2003. «Perpetual Motion», instalaciones de pared o «naturalezas moribundas», vestigios de mecanismos en los que persiste la presencia de la energía del movimiento. «Erratum», fotografías tomadas en el puerto de Amberes, mecanismos fuera de uso asociados a fragmentos de poesía de Olga Orozco, otra constante en la obra de Gallardo, sus versos lo acompañan desde hace mucho y ya aparecieron en una inolvidable muestra en 1993. «Queen Size», serie con formato de camas en estructuras metálicas. «Kronos Antwerp», «Kronos Diáspora» y «Kronos», calendarios donde se desarrollan diferentes contenidos formales a través del tiempo. En este recorrido se mezcla lo siniestro, los años de plomo, el contraste entre lo nítido y lo opaco como los recuerdos, los espacios silenciosos, a veces una sutil ironía, la ya mencionada obsesión por el tiempo, alusiones a su historia. Por eso, «Back Up», título de la muestra, señala que nada debería desaparecer.

Una de las salas incluye parte de sus creaciones escenográficas, por ejemplo,
«La consagración de la primavera» (1994), «Carmina Burana» (1998), «Un tranvía llamado deseo» (2000), «Journey» (2002). Dore Ashton, curadora de la muestra, pronunciará hoy a las 19, en el Auditorio del Museo la conferencia «The Writing of the Disaster» (La Literatura del Desastre). La muestra clausura el 24 de mayo y a partir de noviembre se exhibirá en el Museo de Arte Contemporáneo de Niza (Francia).

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