Existe una extensa bibliografía acerca de Leónidas Gambartes (1909-1963), el gran pintor rosarino a quien se le han dedicado importantes muestras retrospectivas y homenajes. La que actualmente se exhibe en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta conmemora los cuarenta años de su fallecimiento y está estructurada, bajo la curaduría de Ana Canakis, alrededor de tres temas principales: «Los suburbios», «Los cartones de humorismo» y el denominado «Mito, magia y misterio».
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A la manera de una visita guiada se recorren aquellas obras de los barrios suburbanos, tema que no tenía prestigio social, paisajes del litoral, habitantes de las barriadas ribereñas originadas en su interés por la fotografía la que retiene aspectos de la realidad circundante.
Acuarelas delicadísimas de apuntes naturalistas como «Arroyito Ludueña» (1937) con el que obtiene la Medalla de Oro en el Premio Salón Anual de Artistas Rosarinos o «Paisaje de barrio» (1947), muy subjetivo, de vibrante materia. Los diez «Cartones de humorismo», témperas s/papel, fueron ejecutados a manera de diversión entre 1937 y 1942. De carácter lúdico, anecdóticos, algunos aptos para niños pero de los que no están ausentes la crítica y la fina ironía.
En «Cartón para la vuelta de Mambrú» hay atisbos surrealistas en los que se mezclan Yves Tanguy y Berni. «Circo», «Motivo no apto para mayores», «Itinerario de sueños» revelan figuras que oscilan entre lo grotesco, la intención burlona, la fantasía y lo onírico. Son de color intenso, predominan azules y violáceos, toda una gama de matices, un dibujo franco. Los dibujos a pluma, calificados por el artista como «oníricos», pertenecen a una etapa en la que «necesitaba matar mis fantasmas individuales para poder ocuparme de los demás». Dibujos minuciosos de personajes irreales con elementos vegetales y animales, escenas de monstruos, por ejemplo: «Acuario», «Los amantes» o «El aquelarre».
Hay dos hechos fundamentales en la vida de Gambartes: las enseñanzas de Antonio Berni en la Mutualidad de Estudiantes y Artistas Plásticos de Rosario que cofundaron entre 1933 y 1934-cerrada por la policía en 1938- y el libro de Torres García «Universalismo constructivo» que su amigo Roger Plá le aconseja leer a fin de «no quedarse estancado en el surrealismo».
A partir de entonces se produce ese vuelco que lo lleva a hacer un arte de América que no deseche el patrimonio de la cultura universal. Modifica el tratamiento de las figuras, de los objetos, construye geométricamente, mide, como lo indicaba el Maestro, horizontal y vertical-mente y busca un orden no imitativo. «Las lavanderas», «La pile-ta» (1949), «La confidencia» (1951), «La poseída», «Nocturno agorero», «Conjuro mágico» (1953), «Figuras en azul» (1956), son algunas de las obras del tema «Mito, magia y misterio», título de la muestra. Realizadas en cromo al yeso, una nueva técnica sobre cartón o hardboard, con cola y yeso que luego lija hasta obtener una superficie texturada donde aplicará el color. Usa la acuarela y el óleo, obtiene, a través de tenues pinceladas y raspados, un entramado leve y transparente.
Un trabajo obsesivo ligado a su oficio de cartógrafo, a una miopía que sólo le permitía enfocar apenas veinte centímetros del espacio de la tela y principalmente a una suerte de ritual en el que la noción de tiempo desaparece.
Se llega así a 1951. Las formas, frontales, planas, remiten al Payé (brujo de las tribus de tronco tupí-guaraní del que se encuentran restos raciales y culturales en el Litoral), curador de males, provoca el encantamiento amoroso, predice la muerte y que aparece por primera vez en la pintura argentina. Totémico, pétreo, fragmentado, geometrizado, una figura dentro de otra figura, marcado visceralmente, rojos y ocres intensos, textura espesa, el color de la tierra.
« Fósiles, felinos y mitoformas» también forman parte de esa producción por el que comienza a ser reconocido y virtualmente consagrado en Buenos Aires con motivo de su exposición en Bonino en 1954 con prólogo de Manuel Mujica Láinez, texto que se reproduce en el catálogo.
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