20 de octubre 2003 - 00:00

Garzón: "Hay una seria crisis de guiones en cine"

Garzón: Hay una seria crisis de guiones en cine
Gustavo Garzón tiene varios trabajos simultáneos pero ninguno es el que hoy más le interesa, escribir. Actualmente forma parte del elenco de «Cómico (Stand-up)», que se presenta en La Plaza; filmará desde mediados de noviembre con Adolfo Aristarain la película «Roma», junto a José Sacristán y Susú Pecoraro; viajará a Mar del Plata para presentar durante la temporada veraniega la obra «Money, Money» con Carlos Calvo y también dicta clases de teatro en un Centro Cultural de Belgrano. Sin embargo, tiene lista una obra de teatro que espera poder concretar. Y agrega: «Mi sueño es vivir en un barco y escribir».

Tal vez esa pasión por el mar (o río, según el caso) explique por qué Garzón se hizo un lugarcito para viajar en barco con su pequeño hijo Joaquín al Festival de cine en Colonia, que se realizó hace dos semanas. Allí, dialogamos con el actor sobre cine y guionistas argentinos, mientras su hijo jugaba al «tiro al blanco» y se quejaba «No me gustan las películas para grandes». pero sí señalo como favorita otra de agua: «Buscando a Nemo».

Periodista: ¿Está juntando plata para comprarse el barco y ponerse a escribir?


Gustavo Garzón: La verdad que por ahora no, tengo que mantener a mis cuatro hijos y mi fuente de ingresos es la actuación, de la que también disfruto, pero no es fácil hacer algo bueno mientras se trabaja en tantas cosas. Debería abrirme de mi actividad central y dedicarme a escribir cine o teatro. He escrito para televisión «Señoras y señores» y «Casa natal» y nos fue bien pero fue difícil escribir para la televisión. El vértigo de ese medio no se vive en otros; además, no es fácil producir, escribir y actuar. Me gustó haber dejado mi firma en algo pero fueron meses realmente agotadores.


•Formación


P.:
¿Qué opina de la formación de los guionistas argentinos?

G.G.: No hay formación seria en la escritura de guiones. Pablo Solarz, amigo con quien tomo clases, que escribió para televisión y ahora se hizo más conocido por el guión de « Historias mínimas», estudió en Chicago y sigue en formación permanente. Creo que hay una tendencia a la dirección, ahora todos quieren dirigir pero no pueden, menos con guiones débiles. Cuando en el Instituto de Cine eligen las películas que van a financiar no se quedan con las buenas sino con las menos malas. Así como el actor no puede actuar sin una base, que es el libro, tampoco se puede dirigir sin libro.


P.: Siguiendo ese criterio no debe encontrar muchas películas argentinas recientes que le gusten.

G.G.: Me interesan pocos directores, Pablo Trapero, Carlos Sorín, Damián Szifron. Y no mucho más porque no veo que haya gente que sepa y sea fuerte en el rubro guión. Juan José Campanella, por ejemplo, es un muy buen guionista. Pero películas como «La libertad» son una experiencia con la cámara que no tiene guión. Que sean jóvenes de pelo largo no siginifica que vengan a revolucionar nada. Veo en el cine películas premiadas en festivales pero no las asocio con el buen cine. Y cierta prensa es cómplice cuando manda al público masivo a ver películas que son para una minoría y no se lo advierte. Las grandes películas son las que todo el mundo entiende. Si no hay historia no hay película.


P.:
¿Qué opina de «Valentín», de Alejandro Agresti, preseleccionada para el Oscar?

G.G.: A mi no gustó la película. No me creí a Carmen Maura en el papel de madre de Jean Pierre Noher.Además, si es autobiográfica, no me cierra que Agresti se ubique en el lugar del niño prodigio, pero en fin.


P.: Con respecto a «Cómico», ¿a qué atribuye su éxito de público y consecuente permanencia en cartel?

G.G.: Creo que el éxito se debe a que no se cae en lugares comunes y los monólogos, escritos por cada uno de nosotros, juegan con el absurdo. Me siento cómodo en ese género porque, si bien son monólogos, forman parte de un todo que marca el origen del teatro colectivo y a mí no me gusta trabajar solo. En el verano el elenco se va a Punta del Este con la obra pero yo elegí Mar del Plata.


Entrevista de Carolina Liponetzky

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